
Después de años marcados por la crisis política, la pandemia y los estragos climáticos, el ánimo del sector privado finalmente vuelve a terreno optimista, un giro que está permitiendo destrabar inversión embalsada. ¿De qué se trata?
Fue Diego Macera, director del Instituto Peruano de Economía (IPE), quien brindó la explicación de dicha premisa durante el evento denominado “Panorama 2026: Perspectivas Políticas, Económicas y Empresariales”, a cargo de la Cámara de Comercio Peruano-Chilena.
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Repunte de inversión
El especialista hizo un rápido barrido en el calendario: luego de un 2023 de retroceso, la economía empezó a recuperarse en 2024; no obstante, en 2025 se registró una velocidad de crecimiento que no se veía desde 2012.
“Desde hace poco menos de un año, estamos en expectativas empresariales parecidas a las que teníamos antes de la pandemia, que eran [en ese momento] naturalmente optimistas. Si no eres optimista, no eres empresario”, sostuvo.
Agregó: “El empresario siente que le va a ir mejor, que va a invertir, que va a vender más, que va a mejorar frente a la competencia”.
Lo que menciona Macera está en línea con el reciente resultado de las expectativas macroeconómicas del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). En su publicación de febrero, subieron todos los indicadores a 3 y 12 meses (excepto el de contratación a 3 meses) y se encuentran en tramo optimista.
Recordó incluso que, por mucho tiempo, los planes de compra de equipos entre los distintos rubros del sector, así como sus ampliaciones productivas, quedaron suspendidos.
“Hay mucho de inversión embalsada, y ahora que están las expectativas en mejora, recién las estamos viendo reflejada en inversión real [...] Pensaba que esto se iba a enfriar bastante al último trimestre del año pasado, pero no. La mayoría de los indicadores que estamos viendo son más bien optimistas incluso hacia los siguientes meses”, precisó.
Al respecto, el vocero compartió un dato más: “Todavía faltan dos semanas para que dejemos las cifras cerradas del 2025, pero probablemente estemos cerca del 10% de crecimiento de inversión privada”.

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El peso de la ilegalidad
No todo es una buena noticia. De cara al 2026, uno de los riesgos que el especialista no pudo ignorar es el avance de las economías ilegales.
“El año pasado, en el IPE estimábamos que eran US$ 12,000 millones en exportación de oro ilegal”, refirió. Más allá del monto, le preocupó la capacidad de estos recursos para influir en distintos espacios de la vida pública.
Incluso una fracción de esos ingresos podría destinarse a generar redes de influencia que distorsionen la competencia económica y política, especialmente en un año electoral, con una oferta de candidatos bastante amplia. Por ello, la calidad de la representación y la fortaleza de las instituciones serán determinantes.
En ese sentido, si el próximo gobierno logra ofrecer gobernabilidad básica, el país tendría espacio para no abandonar la tendencia de buen ritmo de crecimiento.








