
El 16 de marzo, los miembros de la legendaria banda peruana de cumbia, Armonía 10, se dirigían de una abarrotada sala de conciertos a otra en Lima, la capital del Perú, cuando hombres en motocicletas atacaron su autobús.
Las balas atravesaron el parabrisas, matando al cantante principal de la banda, Paul Flores. Los fans que esperaban la presentación quedaron atónitos ante la noticia. La policía sospecha que el ataque estuvo relacionado con un intento de extorsión por parte de una pandilla local.
Los peruanos han visto a su país sumirse en una nueva era de anarquía durante el último año. Las pandillas callejeras proliferan en Lima y otras ciudades de la costa del Pacífico. Cobran cuotas de “protección” a prácticamente cualquier persona con un negocio de cara al público, desde bandas de cumbia hasta empresas de transporte, y matan a quienes no pagan.
Al mismo tiempo, el narcotráfico está en aumento en la Amazonía peruana y las pandillas están tomando el control de las minas en los Andes.

En medio de la indignación tras el asesinato del cantante Paul Flores, la presidenta Dina Boluarte declaró estado de emergencia en Lima por 30 días. El 25 de marzo convocó elecciones generales por un año, en un esfuerzo, según afirmó, por poner fin a la inestabilidad en Perú.
¿Cuál es el punto débil del Perú?
El país cuenta con una economía informal persistentemente numerosa. La policía está plagada de corrupción. Muchos medios de vida dependen de la cocaína y el oro ilícito.
La ola de delincuencia que azota al país nos recuerda que la situación aún puede empeorar. En 2024, el sicariato representó la mitad de todos los homicidios, que se han duplicado en cinco años.
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Las denuncias de extorsión se han multiplicado por más de ocho, a pesar de que muchas víctimas optan por no denunciar las amenazas a la policía; quienes lo hacen, a menudo descubren que sus extorsionadores se enteran en cuestión de horas. “Las pandillas tienen mejor inteligencia que la policía”, afirma Katherine Gómez, regentada de un mercado donde la mayoría de los vendedores sufren extorsión.
El aumento de la delincuencia está frenando el comercio legítimo. “Nunca antes habíamos visto este nivel de penetración de la minería ilegal”, afirma Pablo de la Flor, quien trabaja en La Poderosa, la mina de oro más grande de Perú.
Grupos armados que luchan por el control de la mina han asesinado a 18 trabajadores de la compañía en los últimos tres años. También han destruido 17 torres de transmisión de alto voltaje de las que la empresa depende para su suministro eléctrico.

Perú no es el único país latinoamericano que se ha visto sumido recientemente en el caos. En Ecuador, justo al norte del país, nuevas rutas del narcotráfico han allanado el camino para alcanzar índices de criminalidad récord. Pero ningún factor explica por sí solo el reciente aumento de la delincuencia en Perú.
Las distorsiones causadas por la pandemia empujaron a los criminales a recurrir a préstamos abusivos y a la extorsión. El sistema judicial atrasado y las cárceles superpobladas de Perú no han ayudado. Tampoco lo ha hecho la proliferación del tráfico de armas.
Quizás el aspecto más llamativo de la crisis de inseguridad en Perú es la forma en que sus funcionarios electos han respondido. Lejos de adoptar medidas duras contra la delincuencia, los legisladores han aprobado leyes que obstaculizan la labor de los fiscales.
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No es ningún secreto que estas medidas buscan proteger a los políticos y sus aliados de investigaciones de corrupción que pueden ser agresivas. Los legisladores lo han admitido públicamente. Pero también ayudan a los delincuentes a evadir la justicia. Will Freeman, del Consejo de Relaciones Exteriores, con sede en Nueva York, califica las llamadas contrarreformas como “uno de los intentos más sistemáticos y despiadados de debilitar las instituciones en la región recientemente”.
¿Será Perú el próximo Ecuador?
Su tasa de homicidios sigue estando muy por debajo de la de su vecino del norte. Pero si el orden público continúa deteriorándose, las consecuencias podrían ser mayores. La población y el PBI de Perú son mucho mayores. La emigración ya está aumentando.
Los expertos afirman que no es demasiado tarde para controlar la ola de delincuencia, pero se requeriría una voluntad política que hasta ahora ha faltado. A pesar de los problemas recientes, el sistema judicial peruano sigue siendo mucho más sólido que el de Ecuador antes de la crisis, afirma Freeman.
Muchos peruanos anhelan un líder de mano dura como el presidente de El Salvador, Nayib Bukele. En algunas zonas de Lima, “EL BUKELE PERUANO” está pintado con grandes letras rojas en los muros de las avenidas principales, abogando por un líder autoritario. Más de 40 partidos políticos se han inscrito para las elecciones generales del próximo año. El que más se parezca a Bukele podría ganar.