
Cinco años de inflación elevada están poniendo a prueba la paciencia de los funcionarios de la Reserva Federal y evidencian una división entre quienes están dispuestos a esperar antes de subir las tasas de interés y quienes consideran que el tiempo para actuar se está agotando.
Los comentarios recientes de las autoridades monetarias sugieren que existe una minoría cada vez más amplia que ve argumentos para elevar las tasas en el corto plazo, después de que la Reserva Federal decidiera mantener sin cambios su tasa de referencia el mes pasado. Algunos miembros sin derecho a voto del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) respaldaron a los tres funcionarios que votaron en contra de la decisión y defendían un incremento moderado. Otros integrantes de la mayoría consideran que la inflación aún podría desacelerarse por sí sola, aunque reconocen que su disposición a tolerar nuevos shocks de precios se está agotando.
Se trata de un dilema clásico para los bancos centrales: subir las tasas demasiado pronto y correr el riesgo de debilitar el mercado laboral, o esperar demasiado y permitir que las presiones inflacionarias se arraiguen. La inesperada caída del empleo en julio, reflejada en el informe laboral publicado el viernes, hizo poco para despejar esa disyuntiva.
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“Los datos han sido ambiguos respecto de cuál de estos escenarios es el que realmente está ocurriendo”, afirmó James Egelhof, economista jefe para Estados Unidos de BNP Paribas. En su opinión, la falta de avances significativos en la reducción de la inflación genera una “presión creciente” para que la Reserva Federal actúe.
El empleo disminuyó en julio y la contratación de los dos meses anteriores fue revisada a la baja, reavivando las preocupaciones sobre un posible debilitamiento del mercado laboral. Tras conocerse el informe, el presidente de la Reserva Federal de Richmond, Tom Barkin, afirmó que el mercado laboral sigue mostrando un “equilibrio frágil”, similar al observado durante el último año y medio.
La atención se concentra ahora en los próximos datos de inflación que se publicarán antes de la reunión de septiembre de la Reserva Federal, entre ellos el índice de precios al consumidor previsto para la próxima semana.

Según las proyecciones divulgadas en junio, las autoridades esperan que la inflación regrese a la meta de 2% en 2028. Sin embargo, con la inflación al consumidor situada en 3.5% en junio y el indicador preferido por la Fed —que excluye alimentos y energía— en 3.3%, crecen las dudas sobre la capacidad del banco central para alcanzar ese objetivo.
El debate entre los responsables de la política monetaria, ya visible en las últimas semanas, se intensificará antes del simposio anual de Jackson Hole, en Wyoming. Allí, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, pronunciará el discurso más esperado del encuentro y los inversionistas buscarán señales sobre la trayectoria futura de las tasas, información que hasta ahora ha evitado proporcionar.
¿Mantener o subir las tasas?
La Reserva Federal decidió mantener estable la tasa de referencia este año pese al aumento de los costos de las importaciones derivado de los cambios en la política comercial y al alza de los precios de la energía causada por la guerra con Irán. Algunos funcionarios han sugerido que subir las tasas quizá no sea la respuesta adecuada frente a shocks de precios que podrían ser temporales, especialmente considerando el tiempo que tarda la política monetaria en influir sobre la economía.
Claudia Sahm, economista jefe de New Century Advisors y exfuncionaria de la Reserva Federal, afirmó que ese es precisamente el dilema que enfrentan las autoridades: distinguir entre los factores cíclicos que afectan la inflación y el empleo —y que sí pueden abordarse mediante tasas de interés— y los cambios estructurales sobre los que el banco central tiene poca capacidad de influencia.
“Las herramientas de la Reserva Federal están diseñadas principalmente para suavizar el ciclo económico, pero gran parte de los cambios que observamos en los datos agregados responden a transformaciones estructurales”, explicó Sahm. “Las herramientas de la Fed no son las más adecuadas para afrontar ese tipo de fenómenos.”
Subir las tasas demasiado pronto podría perjudicar al mercado laboral y resultar innecesario si las presiones inflacionarias comienzan a moderarse, sostuvo la gobernadora de la Fed Lisa Cook durante un discurso pronunciado el miércoles.
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“Ya existen algunas fuerzas desinflacionarias en marcha”, afirmó, al señalar la reducción del impacto de los aranceles y la expectativa de que tanto los precios del petróleo como las presiones derivadas de las inversiones en inteligencia artificial comiencen a disminuir.
El presidente de la Reserva Federal de Nueva York, John Williams, reiteró la semana pasada que sigue esperando que la inflación vuelva al objetivo de 2% en 2028 y aseguró que su visión “no ha cambiado demasiado”.
Tras el débil informe de empleo, las probabilidades implícitas en los mercados de futuros de una subida de tasas en septiembre descendieron hasta alrededor de 40%, desde más de 50% antes de la publicación de los datos.
Sin embargo, para los tres funcionarios que defendían un incremento de un cuarto de punto en julio, cada mes en que la inflación permanece por encima de 2% es un mes de más. El presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari; la presidenta de la Fed de Dallas, Lorie Logan; y la presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, sostienen que esperar demasiado podría obligar al banco central a aplicar un ajuste monetario más agresivo en el futuro.

Otros responsables de política monetaria han respaldado esos argumentos, señalando que la persistencia de la inflación, el sólido consumo de los hogares y unas condiciones financieras todavía expansivas muestran que las tasas actuales no están enfriando suficientemente la economía.
“Dada la fortaleza de la demanda y de la inversión, no considero que la postura actual de la política monetaria sea restrictiva”, afirmó el presidente de la Fed de Kansas City, Jeff Schmid, quien reiteró el martes su preferencia por una política más estricta para contener la inflación.
Preocupación por la credibilidad
Uno de los grandes ausentes del debate ha sido Kevin Warsh. La negativa del presidente de la Reserva Federal a ofrecer orientación sobre el rumbo futuro de las tasas también ha dificultado comprender cómo evalúa la situación económica. Tras la reunión de julio, Warsh reiteró su compromiso con la estabilidad de precios, pero evitó explicar cómo piensa alcanzarla.
Como reacción, los inversionistas vendieron bonos del Tesoro de largo plazo y las expectativas de inflación implícitas en el mercado aumentaron. El presidente de la Reserva Federal de San Luis, Alberto Musalem, quien tras la reunión reconoció que habría preferido subir las tasas, interpretó ese mensaje como una señal de que las autoridades monetarias deben “seguir ganándose” su credibilidad.
“A estas alturas ya no se trata únicamente de los datos económicos, sino también de la credibilidad de la Reserva Federal”, afirmó Torsten Slok, economista jefe de Apollo Global Management. “La inflación permanece por encima del objetivo desde 2021. Es muchísimo tiempo para que el principal banco central del mundo mantenga la inflación en niveles tan elevados”.
Hasta que exista mayor claridad, quienes siguen de cerca de la Reserva Federal deberán prepararse para nuevas divisiones dentro del comité.
“Con un comunicado del FOMC tan escueto y la falta de claridad de Warsh, resulta cada vez más difícil identificar la postura de cada uno de los miembros respecto a la política monetaria”, concluyó Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics.







