
Escribe: Percy Vigil,Experto en retail
¿Dudas para presupuestar? ¿Temores para invertir? ¿La incertidumbre supera la voluntad de seguir creciendo? No es un escenario nuevo. Como ocurre cada cinco años, la llegada de un proceso electoral vuelve más complejas las decisiones empresariales: proyectar ingresos, definir inversiones o decidir si es momento de acelerar, esperar o ajustar.
Ante este contexto, las empresas suelen dividirse en tres grupos. Están las que se paralizan, las que avanzan con cautela extrema y aquellas que, entendiendo el entorno, deciden actuar. Estas últimas comprenden que el cambio también trae oportunidades, que la experiencia existe, que los equipos están formados y que el verdadero desafío no es detenerse, sino saber llevar el ritmo adecuado.
Llevar el ritmo implica interpretar correctamente los mensajes políticos y económicos, escuchar al mercado y observar con atención el accionar de la competencia. En la estrategia, como en el baile, muchos escuchan la misma música, pero no todos logran acompasarse. Quien mejor se adapta es, casi siempre, quien logra capitalizar con mayor eficacia los momentos de cambio.
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Ver el contexto con optimismo es un buen punto de partida. El optimismo se transmite, pero también el pesimismo y la duda, y de eso se alimentan los equipos. Conviene recordarlo: si uno no logra interpretar el momento, otro lo hará. Y quien actúa con decisión suele ganar espacio en el mercado. Recuperarlo después es, por lo general, más costoso que haber seguido avanzando y ajustando a tiempo.
Competimos en este mercado, con sus bondades y defectos. El sobresalto quinquenal es parte de nuestra realidad. No se trata de negarlo, sino de entender que es aquí donde toca competir, mejorar y generar resultados. Las empresas que enfrentan informalidad, contrabando o falsificación lo saben bien: negar la realidad no cambia el mercado. El reclamo no compite; la acción estratégica, sí.
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Existen ejemplos claros de visión de largo plazo en industrias que proyectan con horizontes de 30 o 40 años. En ese período ocurren inevitables cambios políticos, económicos, tecnológicos y sociales. Aun así, los proyectos se desarrollan y, en su mayoría, son exitosos. Cuando no lo son, suele deberse más a errores de estrategia, ejecución o lectura del mercado que a la incertidumbre del entorno.
Gestionar con éxito en escenarios volátiles no es sencillo. Exige liderazgo, equipos sólidos y excelencia en la ejecución. Planificar no significa asumir estabilidad, sino incorporar la complejidad, trabajar escenarios y exigir soluciones concretas.
El Perú ya ha atravesado momentos especialmente complejos, y aun así muchas empresas lograron adaptarse, competir y crecer. Siempre es posible.
El futuro no se espera, se gestiona. Y siempre, al ritmo correcto.








