
Escribe: Elena Conterno, especialista en políticas públicas
El inicio de un nuevo año suele traer buenos deseos de salud, trabajo y prosperidad. También debería venir acompañado de una reflexión sobre el país que queremos, más aún en un año como este, en el que tendremos dos procesos electorales.
Propongo volver a los cimientos. No pensar en grandes avances ni reformas, sino en asegurar políticas públicas indispensables para que el Perú funcione.
Estabilidad macroeconómica e institucional
- Estabilidad macroeconómica. El respeto a la autonomía del Banco Central, el liderazgo técnico de primer nivel y la prohibición de prestarle al Estado son fundamentales para mantenerla.
- Responsabilidad fiscal. Gastar sin respaldo o aprobar beneficios sin financiamiento puede ser políticamente rentable en el corto plazo, pero tiene un alto costo social. El desorden fiscal se traduce en inflación y menos recursos para salud, educación y seguridad.
- Seguridad jurídica. Cambiar contratos, desconocer compromisos o introducir incertidumbre desde la política o la justicia encarece los proyectos, ahuyenta la inversión y afecta a los ciudadanos. La seguridad jurídica no protege a las empresas, sino a las personas, porque sin ella no hay infraestructura, servicios ni empleo.
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Funciones esenciales del Estado
- Servicio civil meritocrático. Un Estado sin meritocracia afecta doblemente a las personas más vulnerables, que dependen más de los servicios públicos. Hoy el Estado parece capturado por una burocracia que pide más pero no da productividad. Recuperar la meritocracia es una condición previa para que cualquier política pública funcione.
- Seguridad ciudadana. Recuperarla exige liderazgo, inteligencia policial, coordinación entre niveles de gobierno y profesionalismo. No más improvisación ni medidas efectistas que no atacan el problema de fondo.
- Justicia con predictibilidad. Requerimos celeridad y criterios técnicos, así como precedentes de observancia obligatoria que doten de predictibilidad al sistema. Además, combatir la corrupción es indispensable, pero hacerlo sin sustento y con investigaciones abiertas durante años vulnera la dignidad de las personas y ahuyenta el talento del sector público.
- Salud con foco en resultados, no en infraestructura. El éxito no se mide por número de hospitales inaugurados, sino por la cantidad de pacientes atendidos y curados. Peor cuando los hospitales se quedan a medio construir. El Estado debe financiar, regular y exigir calidad. SIS y EsSalud deben funcionar realmente como seguros, que compran servicios oportunos y de calidad.
- Educación centrada en aprendizajes. Llevamos años gastando más sin lograr mejores resultados; al contrario, la infraestructura está más deteriorada y los aprendizajes retroceden. Apostemos por esquemas de provisión privada con financiamiento público, en que las familias y los estudiantes puedan elegir centros públicos o privados de calidad.
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Sector privado como motor y proveedor
- Motor de desarrollo. El sector privado cumple un rol central en innovar, invertir, generar empleo y ampliar oportunidades. Sin empresas no hay crecimiento sostenible, pago de salarios a fin de mes, ni recursos para financiar políticas sociales. Valoremos su rol.
- Proveedor de servicios. Aunque requiere regulación, el sector privado ha demostrado ser mejor administrador que el Estado. Las concesiones bien diseñadas, con pagos por resultados, logran mejores servicios para el ciudadano que la gestión pública directa.

Los cimientos del país solo se sostendrán si los ciudadanos votamos bien, y nos mantenemos atentos y exigentes. Foto GEC
Mejor Política
- Mejores partidos y candidatos. Todo plan de gobierno debe partir de los puntos anteriores y del respeto irrestricto a la democracia. Es paradójico que en la vida privada valoremos la palabra y el esfuerzo, y que ello no se refleje en política. Ello debe cambiar.
- Ciudadanía activa y exigente. La democracia no se mantiene por sí sola. Informarnos, participar y votar con responsabilidad es nuestra mayor tarea. Los cimientos del país solo se sostendrán si los ciudadanos votamos bien, y nos mantenemos atentos y exigentes.
En 2026 no necesitamos grandes promesas. Necesitamos sensatez y un Estado que priorice los cimientos básicos del bienestar. Bienvenido 2026.









