BCR: Foto: Difusión
BCR: Foto: Difusión

Escribe: Ricardo Valcárcel, analista económico

Precisamente por ello, la magnitud y el ritmo de acumulación reciente de reservas internacionales merecen ser examinados, no para cuestionar al Banco, sino para entender los efectos agregados de una fortaleza externa hoy excepcional.

Las reservas del Perú bordean los US$ 100 mil millones, un nivel históricamente inédito. Más relevante que el número es la velocidad de acumulación, impulsada por los elevados precios de los metales de exportación y por flujos privados de divisas. Esta dinámica ha generado superávits comerciales persistentes, cuya continuidad podría extenderse por al menos un par de años más.

Los beneficios son patentes. El Perú cuenta con un blindaje externo muy superior a su deuda externa de corto plazo y a los pasivos en moneda extranjera del sistema financiero. Ello reduce prácticamente a cero el riesgo de una crisis de balanza de pagos, fortalece la credibilidad macroeconómica, reduce primas de riesgo y amplía el margen de maniobra de la política monetaria en un entorno internacional volátil.

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Esta acumulación no es pasiva. Estas acciones cumplen un objetivo implícito: evitar una apreciación más patente del tipo de cambio.

El punto central no es si acumular reservas es correcto, sino qué ocurre cuando este proceso se prolonga. Como todo seguro, las reservas aportan beneficios claros hasta cierto umbral; más allá de ello,los beneficios adicionales se reducen, mientras emergen costos que antes eran marginales.

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Incrementar sustantivamente las reservas implica, por ejemplo, intercambiar soles, que internamente tienen un costo financiero, por activos externos que rinden menos en términos reales. Este diferencial no resulta problemático en el corto plazo, pero puede adquirir mayor relevancia si la acumulación se mantiene durante varios años.

Más allá de los estados financieros del BCR, el tema de fondo es funcional: cada dólar adicional aporta menos protección que los anteriores, mientras exige un mayor esfuerzo de esterilización y manejo de liquidez. No se trata de una falla de política, sino de un fenómeno de rendimientos decrecientes propio de contextos excepcionalmente favorables.

Aunque el dólar sigue siendo el principal activo de reserva a nivel global, enfrenta una depreciación real significativa, local e internacionalmente, y a crecientes cuestionamientos en el sistema financiero internacional. Para un banco central, esta acumulación sigue siendo racional por razones de liquidez y ausencia de sustitutos creíbles, pero no está exenta de costos en términos de poder adquisitivo real.

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BCR. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
BCR. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)

Una consecuencia potencial es el riesgo de un desacople entre el ciclo externo y el ciclo interno. Mientras el sector exportador se beneficia de precios elevados, la absorción persistente de liquidez en soles puede presionar al alza las tasas de interés y restringir el crédito, especialmente para sectores no vinculados a la minería o la agroexportación. Así, podría coexistir un entorno externo robusto con una economía interna más débil, lo que plantea desafíos para la calibración de la tasa de referencia y el control de la inflación.

A este cuadro se suma el contexto político. En un año electoral y con un nuevo gobierno transitorio, el tamaño de las reservas puede convertirse en un foco de presiones para “usarlas”, bajo el argumento de que hay recursos disponibles. Si bien el marco institucional protege al BCR, la experiencia muestra que las bonanzas prolongadas suelen alimentar expectativas de gasto difíciles de sostener cuando el ciclo se revierte.

La historia económica peruana recuerda que confiar excesivamente en la permanencia de ciclos favorables, desde el guano y el caucho hasta booms más recientes, suele tener costos que terminan pagándose con la tuya y con la mía.

Esa fortaleza es un activo invaluable, pero no reemplaza la necesidad de diversificar la economía, fortalecer la política fiscal y mantener una mirada prudente sobre los ciclos. El desafío no es cuestionar al Banco Central, sino evitar que un colchón demasiado cómodo termine adormeciendo las alertas necesarias.

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