
Presidente interino. Nuevamente, el Congreso actuó de modo incomprensible. Se esperaba que eligiera presidenta de su mesa directiva a María del Carmen Alva (Acción Popular) y, por ende, presidenta interina de la República, en reemplazo en ambos casos del censurado José Jerí. Pero los parlamentarios optaron por José María Balcázar (Perú Libre) con 64 votos contra 46 de Alva. Hubo tres viciados. La votación fue secreta, así que queda en el ámbito de la especulación la identidad de quiénes votaron por cada contrincante. Sin embargo, partidos de derecha se han estado culpando mutuamente, mientras que otros guardan silencio.
Quizás cuando Balcázar designe a su gabinete ministerial se confirme que hubo negociaciones para obtener votos a cambio de cargos, y con quiénes. A lo largo del presente periodo parlamentario, bancadas de izquierda y de derecha han aprobado juntas leyes perjudiciales para el país que incrementan el gasto público improductivo, las llamadas “procrimen” y las que alientan la informalidad. Así que no debería sorprender tanto que hayan vuelto a “coordinar” entre ellas. El riesgo es que estamos ad portas de los comicios, así que la elección de Balcázar resulta inquietante.
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Alva era considerada por analistas la opción adecuada dada la coyuntura electoral porque su partido no participará en los comicios –fue excluido por irregularidades en sus procesos internos–. Pero esa imagen de neutralidad desapareció con Balcázar, cuyo partido sí postula e incluso lleva como candidato a la presidencia al prófugo Vladimir Cerrón, quien no ha tenido empacho en darle indicaciones de cómo gobernar, por redes sociales, al flamante mandatario interino. Aunque en su discurso de investidura dijo que garantizará una transición democrática y electoral “pacífica, transparente”, esa afirmación solo podrá corroborarse con sus acciones inmediatas.
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Por ejemplo, será clave la designación del titular de Defensa, porque las Fuerzas Armadas transportan y custodian el material electoral, y del Interior, que designa a prefectos y subprefectos. En vista que ofreció mantener la “línea económica”, tendrá que encargarle el MEF a alguien que no comparta las ideas anquilosadas de la izquierda o la derecha radicales –sería una buena decisión retener a Denisse Miralles–. Balcázar tiene el reto de mostrar que un Gobierno de izquierda (moderna) puede dar resultados en el Perú y cuidarse de no cometer errores, porque le costarán caro a los partidos que lo eligieron. Por ejemplo, mostrarse dubitativo en torno a Petroperú no le favorece. La prensa y la ciudadanía tendrán que estar muy vigilantes.







