
CAÓTICA CAPITAL. Lima fue fundada por el conquistador Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535 con el nombre de “Ciudad de los Reyes”. El objetivo era que fuese la capital de los nuevos dominios de la Corona española en el que fuera el Imperio inca. El trazado inicial de la ciudad, realizado por el propio fundador, es el “Damero de Pizarro”, que en los planos de época colonial se ve bastante ordenado. Parece que fue el primer y único intento de planificación urbana que ha tenido Lima, pues durante gran parte de sus 491 años de existencia, su crecimiento ha sido caótico.
Hoy es una metrópoli con alrededor de 11 millones de habitantes –sumando los 1.2 millones que viven en la adyacente provincia constitucional del Callao–, y su deficiente organización territorial la ha vuelto muy difícil de gobernar. Es que está dividida en 50 distritos (43 en la provincia de Lima y siete en Callao), lo que dificulta la coordinación de políticas municipales básicas como seguridad, tránsito y limpieza. La situación se complica debido a la errónea interpretación de la autonomía que la legislación les confiere, pues los alcaldes parecen confundir el nombre original de la ciudad y se comportan como pequeños reyezuelos o señores feudales. Ni quienes pertenecen a la misma agrupación política logran ponerse de acuerdo.
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Y el mal diseñado proceso de descentralización solo aportó confusión. La más llamativa es que la provincia de Lima no tiene gobernador, siendo el alcalde metropolitano quien desempeña ese rol, pero Callao, con apenas 147 km2 de superficie y 10% de la población total capitalina, tiene alcalde y gobernador –el actual, por cierto, está prófugo de la justicia–. En tanto, la diferencia de población en los distritos limeños es abismal. Desde los 1,200 que residen en Santa María del Mar hasta los 1.2 millones en San Juan de Lurigancho. Como contraste, la Ciudad de Nueva York, con 8.8 millones de habitantes, está dividida en cinco distritos (“boroughs”), y el Gran Buenos Aires, con 14 millones, está compuesto por 24 “partidos”, más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
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Los principales problemas de la capital, según las encuestas, son la inseguridad, la calidad del transporte público y la limpieza. Los dos primeros podrían comenzar a solucionarse si es que hubiese algo de cohesión entre los alcaldes distritales, más los dos provinciales (por ejemplo, con un serenazgo único), en coordinación con el Gobierno nacional. El 4 de octubre, limeños y chalacos elegirán nuevas autoridades ediles (más gobernador en el segundo caso), pero dudamos que haya mejoras sustanciales.







