
El inicio de toda labor pública exige el juramento de respetar la Constitución; lo hacen el presidente de la República, el presidente de la ONPE y el del JNE. No soy abogado ni constitucionalista; simplemente aplico el sentido común sobre la importancia de seguir las reglas en cada acción de nuestras vidas, especialmente cuando se trata de las normas que rigen una nación.
Las últimas elecciones están plagadas de vicios reconocidos por el propio JNE, empezando por la denuncia del procurador del JNE contra el presidente y funcionarios de la ONPE por las múltiples irregularidades ocurridas el día de la elección. “La suma de estos actos y omisiones configuró una jornada de flagrancia funcional permanente, donde el sistema electoral fue instrumentalizado para impedir el voto ciudadano en sectores focalizados, lesionando irreversiblemente la Fe Pública y los intereses del Estado representados por el Jurado Nacional de Elecciones.”
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Asimismo, está el extenso informe del pleno del JNE de fecha 23 de abril respecto de las irregularidades del día de las elecciones, en el cual se calcula que más de 541,364 ciudadanos vieron afectados sus derechos políticos por la tardanza en la apertura de mesas posterior a las 8 a.m. Y, si bien señalan que la tardanza en la apertura de mesas no es el único factor, podría yo sí señalar que, si las mesas se hubiesen instalado a tiempo, no tendríamos ese diferencial.
Es decir, el JNE reconoce tácitamente las graves faltas cometidas por la ONPE el día de las elecciones y, conociendo dichos sucesos, considero pertinente recordarles el juramento que hicieron al asumir el cargo y la responsabilidad que hoy tienen frente a todos los peruanos:
¿Juráis por Dios y por la patria desempeñar fielmente el cargo que se os confía, y cumplir la Constitución y las leyes del Perú?
— Sí, juro.
Y, si juraron cumplir la Constitución y reconocen que el propio Estado afectó el derecho de un grupo significativo de ciudadanos a ejercer su voto el día de las elecciones, les recuerdo el artículo 31 de la Constitución.
Participación ciudadana en los asuntos públicos:
“…Tienen también el derecho de ser elegidos y de elegir libremente a sus representantes, de acuerdo con las condiciones y procedimientos determinados por ley orgánica. (…) Es nulo y punible todo acto que prohíba o limite al ciudadano el ejercicio de sus derechos”.
¿En qué quedamos, entonces? Juraron defender una Constitución que es precisa y puntual en la defensa de los derechos ciudadanos: “es nulo y punible (…) todo acto que prohíba o limite (…)”. Sin embargo, los miembros del JNE pasan por alto su juramento de defender la Constitución al priorizar un calendario electoral por encima del orden constitucional; priorizan la forma sobre el fondo, que es la defensa de la voluntad popular expresada en el voto.
¿Cómo pretendemos construir una República sólida si las máximas autoridades reconocen que los derechos ciudadanos son vulnerados por el propio Estado y, aun así, hacen caso omiso?
Esto no puede “pasarse por agua tibia” ni señalar, con una irresponsable frialdad, que, a pesar de la violación constitucional, el acto está consumado y nada se puede hacer. ¡Grave error! Esto constituye una grave fisura en los cimientos de nuestra nación.
No se escuchan las voces de los demás partidos políticos que participaron en esta contienda gracias a nuestra Carta Magna, que nos ha permitido crecer y vivir en democracia de manera ininterrumpida desde 1993. Las fuerzas políticas deben mantener encendida la llama de la inconformidad frente a este atropello.
Los miembros del JNE aún están a tiempo de corregir el rumbo y devolver el derecho a todos los ciudadanos afectados por la instrumentalización denunciada. Los peruanos tenemos derecho a conocer la verdad electoral, pero, sobre todo, a saber que existe una Constitución que se respeta.
Si el JNE, como máxima autoridad, no cumple su juramento, entonces la prensa, los gremios, el fiscal de la Nación, el Congreso y las demás autoridades tienen el deber y la obligación de alzar la voz y exigir una rectificación por el bien y el futuro de la nación.







