
Escribe: Juan Carlos Ladines, profesor de Negocios Internacionales en la UP e investigador del CIUP
El mundo atraviesa cambios vertiginosos que dificultan prever sus impactos a nivel doméstico. No obstante, podemos analizar las transformaciones y perspectivas de las cuatro regiones más relevantes en la actualidad.
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Con el regreso de Donald Trump, la política exterior americana ha tomado un giro significativo. Su gestión adoptó un enfoque realista que ve las relaciones internacionales como un juego de “suma cero”, donde el beneficio de unos implica la pérdida de otros.
Trump busca fortalecer su hegemonía mediante relaciones que priorizan sus intereses, incluso a expensas de otros países. Un ejemplo son los aranceles como herramienta de presión contra países más débiles, obligándolos a asumir costos de deportaciones masivas.
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En este contexto, Estados Unidos redefine su posición en la competencia global, particularmente frente a Rusia y China. La visión de MAGA (Make America Great Again) también impacta la política exterior, promoviendo un distanciamiento de la cooperación institucional en favor de relaciones pragmáticas entre potencias, que se traduce en un alejamiento de Europa.
¿China tiene la oportunidad de ser el gran contendiente?
China ha avanzado en su integración global, consolidándose como un socio comercial clave en África y América Latina. Sus inversiones se centran en sectores extractivos con poco valor agregado, lo que lleva a cambios en sus estrategias para posicionarla como un contendiente global.
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El aislacionismo comercial de Estados Unidos representa una oportunidad para que China amplíe su influencia geopolítica, pero queda por ver si consolidará su dominio o si continuará con su estrategia de “diplomacia de chequera”, basada en inversiones sin compromisos políticos profundos.
En este contexto, China también debe definir cuánto depende de las economías emergentes para fortalecer su posición global. La pregunta clave es si optará por adaptarse a las reglas impuestas por Estados Unidos o si buscará establecer su propio orden geopolítico.
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Los dilemas internos en Europa
El informe Soñando con los BRICS (2003) advertía que Europa perdería relevancia económica frente a Brasil, Rusia, India y China hacia el 2039. Dos décadas después, esta predicción se ha confirmado: la zona euro ha crecido en promedio solo 1.2%, quedando rezagada frente a economías emergentes.
La guerra entre Rusia y Ucrania agravó esta debilidad en el ámbito político. La fuerte dependencia europea de los recursos energéticos rusos la ha puesto en una situación vulnerable. En respuesta, Europa ha priorizado la contención y la protección de sus fronteras, lo que llevó a la OTAN a expandirse con la incorporación de Suecia. Sin embargo, las sanciones económicas contra Rusia han tenido un impacto limitado, especialmente por el apoyo de China, que ha mantenido la compra de petróleo ruso.
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El apoyo de la Unión Europea a Ucrania debilitó el liderazgo europeo y ha generado tensiones internas que amenazan con fragmentar la región. Como resultado, Europa ha perdido influencia como aliado estratégico de Occidente, y Estados Unidos ha tomado nota de este posible escenario.
Democracia en el Asia-Pacífico
A pesar de que la reciente declaración de APEC destacó la necesidad de estabilidad en la región, alcanzar este objetivo parece difícil en el contexto de la creciente guerra comercial entre China y Estados Unidos.
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El Asia-Pacífico es una región clave para el comercio y la inversión, pero las tensiones entre China y Taiwán siguen siendo un factor de riesgo. China ha reiterado su intención de integrar la isla bajo su régimen, lo que mantiene la inestabilidad. Si Rusia consolida su control sobre el Donbás, podría sentar un precedente que justifique una acción similar de China sobre Taiwán.
El escenario internacional está marcado por una competencia donde el realismo político predomina en la estrategia de potencias y dilemas internos que afectan sus influencias.