
Por Galantino Gallo, CEO de Credicorp Capital
Aunque todos entendemos el valor de la confianza, por la importancia que tiene para nuestra relación con las personas que nos rodean, no siempre nos ponemos a pensar en el peso que esta tiene en nuestra vida diaria y en el desarrollo del país.
Muchas de las decisiones que tomamos están mediadas por ella, desde la elección del colegio de nuestros hijos hasta elegir cruzar la calle en un momento dado –algo que en Lima es, muchas veces, un acto de fe–. Y la acumulación de su presencia (o ausencia) en las transacciones que se llevan a cabo todos los días tiene un fuerte impacto económico. La desconfianza, en fin, funciona como un impuesto que condiciona desde la inversión a gran escala hasta la decisión de un individuo de comprar un producto u otro o, incluso, de no comprar nada en un determinado momento.
La relación entre la confianza y la productividad de un país ha sido bastante estudiada. De hecho, un artículo publicado por la Victoria University of Wellington –citado por un análisis de Deloitte– lo pone en perspectiva: un incremento de 10 puntos porcentuales en la proporción de personas que confían puede elevar el crecimiento anual del PBI per cápita en alrededor de 0.5%. Una cifra significativa si consideramos que en el Perú, entre el 2023 y el 2024, este último indicador creció 2.2%.
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Y esto se entiende, sobre todo cuando tomamos en cuenta la fortaleza institucional de los países. Cuando las empresas tienen la tranquilidad de que los contratos serán respetados y que las políticas y reglas de juego se mantendrán estables, el riesgo percibido de apostar por una economía específica se reduce y la inversión aumenta. No solo en términos de monto, sino también en términos de tiempo, ya que cuando hay desconfianza lo más lógico suele ser emprender proyectos más cortos y fáciles de monitorear. En ese contexto las preguntas que se hacen son claras: ¿Cómo se sabe si las regulaciones que existen hoy no cambiarán mañana? O ¿Cómo podemos estar seguros de que los clientes del futuro estarán en capacidad de comprar nuestros productos?
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Este factor también tiene implicancias directas en la informalidad. Cuando los procesos formales son percibidos como lentos, difíciles de entender o impredecibles, muchas personas y pequeñas empresas ven la informalidad como el camino más razonable. Al mismo tiempo, los trámites extensos y complejos, la fiscalización poco clara y las reglas que van y vienen reducen aún más los incentivos. Un artículo del Journal of Economic Behavior & Organization, que estudia la relación entre la confianza y la existencia de la “shadow economy”, lo demuestra con claridad: hay una relación inversamente proporcional entre ambas, comprobada en una muestra de países desarrollados y en vías de desarrollo.
Pero la confianza también juega un rol a nivel micro. Por ejemplo, en el costo de capital de las empresas. Una compañía con buena reputación y con un riguroso manejo de su gobierno corporativo atrae más inversionistas y accede a más crédito, ambos a menor precio. Lo contrario ocurre con las que generan sospechas u operan sin transparencia. Asimismo, como demostró el aumento del trabajo remote e híbrido tras la pandemia, un empleador que confía en sus colaboradores puede ahorrar mucho en los costos asociados a la presencialidad.

En el caso del sistema financiero, este se construye sobre la capacidad de los clientes de confiar en nuestro trabajo y la calidad de esta relación tiene implicancias concretas para la economía y el bienestar en general: menos plata guardada debajo del colchón, más inclusión financiera y más financiamiento para emprendimientos de todos los tamaños.
Es evidente que en el Perú tenemos mucho trabajo por hacer para fortalecer la confianza con el Estado y entre nosotros mismos. De acuerdo con el Latinobarómetro, estamos entre los últimos puestos de confianza interpersonal en la región. Asimismo, en años recientes, la inestabilidad ha sido más la regla que la excepción.
Desde el sector privado tenemos la capacidad de contribuir a mejorar la situación, consolidando el vínculo con nuestros clientes y dando el ejemplo en áreas específicas: siendo transparentes, respetando rigurosamente las reglas de juego, ofreciendo trámites sencillos (a través de herramientas digitales, por ejemplo) y productos y servicios de la más alta calidad entregados de forma consistente y predecible. Al mismo tiempo, hay espacio para contribuir a una mayor estabilidad política, involucrándonos en las discusiones sobre el desarrollo del país y haciendo que nuestra voz y conocimientos se escuchen.









