
Las conversaciones sobre el desarrollo económico del Perú tienen varios capítulos clave, pero sumamente conocidos, como la importancia de nuestra fortaleza macroeconómica, la necesidad de mantener reglas del juego claras y predictibilidad institucional, el rol fundamental de la inversión privada para el crecimiento y la reducción de la pobreza y la disminución de barreras para acceder a la formalidad. Sin embargo, hay un tema igual de relevante –y hasta vinculado con los mencionados– que pocas veces vemos discutirse al nivel que merece: el fortalecimiento y consolidación de nuestro mercado de capitales.
Y su valor es significativo. Hablamos, en buena cuenta, del sistema circulatorio de una economía y su bienestar está relacionado con el de todo lo que toca: desde el desarrollo de infraestructura y los resultados del sistema de pensiones hasta las tasas de interés y el financiamiento de las ambiciones de largo plazo de las empresas que ahí cotizan. Y sus resultados –contra la percepción que se puede tener– benefician a mucho más que a personas de alto patrimonio. Además del impacto indirecto, los fondos mutuos, la compra directa de acciones y las AFP ya les ofrecen a las personas de ingresos medios un mecanismo para hacer crecer su dinero.

Pero el Perú encara retos importantes en este frente. En nuestro mercado de capitales participan pocas empresas –el 99% de nuestro tejido empresarial formal está compuesto por micro y pequeñas empresas y, para las medianas, el costo de acceso es demasiado alto– y se negocia poco. Esa falta de profundidad lo encarece como fuente de financiamiento. Además, en los últimos años se han debilitado inversionistas locales clave, como las AFP que, por administrar ahorros de largo plazo, eran compradoras naturales de instrumentos que financian proyectos de largo aliento, como infraestructura e hipotecas. Los retiros, sin embargo, las obligaron a vender activos para atender los pagos. El resultado es un círculo vicioso: con menos demanda, las empresas tienen menos incentivos para listarse y, con menos empresas, el mercado pierde dinamismo, lo que vuelve a perjudicar la demanda.
La más reciente edición del Andean Investor Guide de Credicorp Capital contribuye a poner esta realidad en números. El volumen diario promedio de negociación en el Perú es de US$ 23 millones en lo que va del año, frente a US$ 60 millones en Colombia y US$ 223 millones en Chile. Es una mejora importante –en el 2023 era de apenas US$ 7 millones–, pero tiene matices: se explica en parte por los programas de recompra de acciones de varias empresas listadas y por un mayor apetito por el mercado local, mientras que las AFP y los inversionistas retail fueron, de hecho, los principales vendedores netos. En Chile y Colombia, en cambio, los inversionistas locales han regresado al mercado.
¿Qué debemos hacer? Primero consideremos lo básico: para invertir hay que tener con qué y sin crecimiento económico constante y reducción sostenida de la pobreza, la gente no tiene dinero disponible para hacerlo. A eso se suman una economía altamente informal –70% del Perú trabaja desde este sector, contra 55% en Colombia y 27% en Chile– y las oportunidades pendientes en educación financiera para dar acceso a servicios más sofisticados que una cuenta bancaria, lo que supone pocas opciones para invertir en bolsa y pocas personas capaces o interesadas en hacerlo. Por eso, no podemos dejar de impulsar el crecimiento, la formalidad y la confianza en el sistema financiero.
En cuanto al desarrollo del mercado de capitales, se debe apuntar a aumentar la oferta disponible. Más empresas deberían animarse a buscar financiamiento por esta vía y para ello hay que reducir los costos de entrada –sobre todo para las medianas–, estandarizar y simplificar procesos y ofrecer incentivos y educación que acerquen a más emisores al mercado. Del lado de la demanda, es clave fortalecer y proteger el ahorro previsional para que las AFP recuperen su rol de inversionistas de largo plazo y desarrollar herramientas digitales cada vez más simples que permitan a más personas invertir, como ya ocurre con los fondos mutuos. A ello se añade avanzar con la integración regional, que nos da diversificación y profundidad.
Las acciones posibles van más allá de lo que cabe en esta columna. Por eso, es una buena noticia que el Ministerio de Economía y Finanzas haya establecido una comisión especializada para definir cómo fortalecer nuestro mercado de capitales. Y no olvidemos que no estamos hablando de remedios para un eslabón “nicho” de nuestra economía: estamos hablando de un ingrediente clave para nuestro crecimiento y para mejorar la vida de todos los peruanos.
Galantino Gallo es CEO de Credicorp Capital







