
Escribe: Carlos Prieto Balbuena, gerente del Área de Estudios Económicos del BCP
Séneca dijo: “No hay viento favorable para el que no sabe adónde va”. Hoy el Perú goza de los mejores vientos internacionales de los últimos 75 años al menos, con precios en máximos históricos del oro, plata y cobre en ascenso (cerca de los seis dólares, pero aún inferior a su máximo histórico en términos reales), mientras que el precio del petróleo se ubica por debajo de los 60 dólares por barril. Asimismo, la tasa de interés en dólares de la Reserva Federal disminuye. Con mejores condiciones locales debiéramos crecer al 6.5% anual como sucedió en otros períodos de altos términos de intercambio (1948-1957 y 2004-2013), en lugar del apenas entre 3% y 3.5% que prevé el consenso para este año. El costo de oportunidad es enorme en términos de reducción de la pobreza y crecimiento de la clase media.

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Los pesimistas dirán que es imposible que el Perú crezca 6% debido a:
Falta del imperio de la ley, sistema kafkiano de (in)justicia, crecimiento explosivo de la delincuencia y actividades ilícitas, descentralización fallida, ausencia de civismo.
Disfuncional sistema político: entre el 2017 y el 2025, el Perú tuvo tres Congresos, siete presidentes, 19 presidentes del Consejo de Ministros, 15 ministros de Economía y Finanzas, y una altísima rotación de ministros lo que erosiona la capacidad de implementar políticas públicas.
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Estado que no funciona. La degradación institucional acentuó el populismo, el Estado como botín y un pésimo gasto fiscal: i) despilfarro de miles de millones en Petroperú, ii) líneas de metro que toman en construirse más tiempo que el proyecto que envió el hombre a la luna, iii) según el Banco Mundial, 45% de los proyectos iniciados desde el 2012 están abandonados y se podría ahorrar del gasto en adquisiciones hasta 1.5% del PBI, iv) la planilla estatal se dispara (la masa salarial pública creció 43% real 2015–2024, el doble que el sector privado), mientras que se deterioran, no solo la seguridad ciudadana, sino también indicadores de anemia, desnutrición, comprensión lectora y matemáticas, tiempos y calidad de atención en la salud pública.
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Muy mala microeconomía y sobrerregulación. De acuerdo con el Banco Mundial: i) Las empresas tienen que esperar 180 días para obtener un permiso de construcción, mientras que en los países más eficientes tarda un día. ii) Toma 75 días registrar una nueva empresa, mientras que en las economías más eficientes tarda tres días. iii) Las empresas gastan 480 horas al año en declarar y pagar impuestos, mientras que en las economías más eficientes dedican 12 horas. Asimismo, la regulación de nuestro mercado laboral formal es de las más rígidas del mundo.
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Aún con precios récord del oro, plata, cobre, el “mototaxi Perú” no da para ir más rápido que crecer entre 2% y 3% anual, lo que condena a nuestros jóvenes a la informalidad.
Los optimistas diremos que, a pesar de los problemas, hay espacio para hacerlo mejor:
Nuestra macroeconomía es de las mejores del planeta (baja inflación, altas reservas internacionales, baja deuda pública) lo que nos da cimientos sólidos para crecer a tasas altas.
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En los últimos 10 años el Perú sufrió múltiples choques negativos: megacorrupción con Lava Jato y el Club de la Construcción, dos Fenómeno de El Niño (2017 y 2023), la pandemia global, la salida de más de US$ 20 mil millones ante la incertidumbre política, en el 2023 la primera recesión económica en 25 años (excluyendo la pandemia), gobernantes ineptos, etc. A pesar de este genuino escenario de estrés, la economía demostró su resiliencia.
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Con vientos externos tan favorables como los actuales, con un nuevo gobierno que sea estable, predecible y promotor de la inversión privada, el Perú puede crecer tranquilamente por encima de su promedio de largo plazo de los últimos 100 años cercano al 4%.
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Hoy, el cobre nos ofrece un futuro brillante. Un gran error sería no subirnos al tren del metal rojo, cuya cotización ya alcanza casi los seis dólares. Y es el metal de la inteligencia artificial, así como de la transición energética. Hay proyectos mineros que movilizarían inversiones por más de US$ 40 mil millones. Además de la minería y su efecto multiplicador en proveedores locales, sectores como agroexportaciones, logística, turismo, acuicultura, forestal, textil, metalmecánica, vivienda, saneamiento, infraestructura, ofrecen una gran oportunidad para generar empleo.
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¿Tendremos la madurez e inteligencia emocional para alcanzar los consensos que nos permitan abordar nuestros severos problemas, aprovechar nuestras inmensas potencialidades y no perder el tren del desarrollo? Casi 10 millones de pobres esperan respuestas concretas a sus problemas diarios. Las elecciones de este año ofrecen una oportunidad única para atender esas necesidades y poner, con nuestros votos, al desarrollo del Perú como prioridad y a la inversión privada y al crecimiento económico como las herramientas para lograrlo. Promovamos un voto informado y responsable.







