
Escribe: Alberto Haito, Director – Arellano
Desde siempre el éxito de una empresa se ha medido a través de sus resultados financieros. Y esta medición sigue siendo válida, pero se ha vuelto cada vez más incompleta ya que ignora la conexión de la empresa con la sociedad y su impacto en los “stakeholders”.
Es así que surge el concepto de Impacto Social Total, que no es otra cosa que un marco que busca medir la huella completa de una empresa, es decir la suma neta de sus efectos positivos y negativos en su entorno a través de sus operaciones.
Evidentemente, hay un primer impacto que es el económico, ya que la empresa paga salarios que permiten un medio de vida y que, finalmente, generan consumo; paga impuestos, con lo que se financian servicios públicos de salud y educación, entre otros. También dentro del impacto económico podemos colocar a la innovación, la cual repercute en la sociedad ofreciendo productos y servicios con mejores beneficios o con una mejor relación entre calidad y precio.
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Un segundo impacto, que se agrega al económico es el ambiental. Las empresas por definición deben ser rentables, pero no a costa de contaminar o de causar daños al ecosistema, por lo cual es importante medir su huella de carbono, su gestión de residuos, su uso del agua y otros.
Un tercer impacto es el social, pero dentro de la empresa, que abarca el trato que da a sus trabajadores, la equidad salarial, la equidad de género, las condiciones de seguridad laboral y otros. Y aquí debemos ser claros: no es correcto que una empresa tenga éxito económico a costa de malas prácticas con sus trabajadores.
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Y, por último tenemos el impacto de la Gobernanza, es decir, que tan transparente es la empresa en sus prácticas, que tan ética es, que comportamiento tiene frente a la corrupción, etc.
Finalmente, hay que recalcar que el camino mencionado ya no es una elección. Hoy la sociedad y los “stakeholders” en general, dirigen cada vez más su preferencia o su rechazo a empresas que tengan un Impacto Social Total positivo. Por cierto, lo dicho nos lleva a la necesidad de medir dicho impacto, lo cual a veces no es sencillo, pero es mejor tener una medición imperfecta a no tener ninguna.








