El electorado está partido por la mitad. Esto en sí mismo no es un problema; lo preocupante es que las dos opciones que compitieron por nuestro voto eran radicalmente diferentes entre sí, antípodas en muchos sentidos. (Fotos: Joel alonzo/ @photo.gec)
El electorado está partido por la mitad. Esto en sí mismo no es un problema; lo preocupante es que las dos opciones que compitieron por nuestro voto eran radicalmente diferentes entre sí, antípodas en muchos sentidos. (Fotos: Joel alonzo/ @photo.gec)

1. Al momento de escribir esta columna (martes 9 por la noche) no se conoce quién ganó la elección presidencial del domingo. Aunque los resultados de la ONPE al 96.564% del escrutinio de los votos mostraban que el Sr. Roberto Sánchez iba adelante por más de 40,000 votos, muchos analistas –algunos de ellos asistidos por la IA– coincidían en que la señora Keiko Fujimori terminaría ganando las elecciones (por un margen de 20,000 a 40,000 votos). Probablemente, Fuerza Popular terminará superando a Juntos por el Perú por un estrechísimo margen, tal vez 50.1% a 49.9%.

2. El electorado está partido por la mitad. Esto en sí mismo no es un problema; lo preocupante es que las dos opciones que compitieron por nuestro voto eran radicalmente diferentes entre sí, antípodas en muchos sentidos. Es evidente que el país está fracturado; la animosidad y el resentimiento parecen ser enormes. ¿Qué visión, qué sueños comparten los electores de Lima y los del sur? ¿Cuán hermanos realmente nos sentimos? Resulta sorprendente que aún, hoy en día, nos cueste reconocer que somos una sociedad clasista y fuertemente racista; lo somos desde la época de la Colonia. A pesar del largo proceso de mestizaje de los últimos 500 años, el racismo y la exclusión derivada de este aún prevalecen en nuestra sociedad. Y, por supuesto, también el resentimiento y el ansia de revancha. Hay mucho por sanar.

3. Empecemos por entender a los otros, a los que votaron por una opción radicalmente diferente a la nuestra. El nuevo Gobierno debe escuchar y tender puentes a la otra mitad del electorado para empezar a sanar la fractura que afecta al país.

4. Escuchemos lo que Sánchez dijo en la Plaza San Martín el domingo 7 por la noche en su discurso –sin duda inoportuno y poco responsable– tras la difusión de los resultados del conteo rápido: “este es el momento del gran consenso de los patriotas y de los demócratas; de aquellos que estamos convencidos de que los verdaderos enemigos de la patria son la corrupción, la pobreza, la exclusión, el hambre, la anemia y el olvido de nuestro pueblo. Combatirlos será una prioridad de nuestro gobierno. […] Y si la voluntad del pueblo y el consenso de distintos liderazgos nos han traído hasta esta voluntad social, esta voluntad mayoritaria y democrática, ello implica, hermanos y compañeros, terminar con el desprecio como forma de hacer política y acabar con la discriminación como instrumento político.”

5. “Exclusión”, “olvido”, “desprecio”, “discriminación” son palabras clave de la narrativa que contribuyó a convocar a la mitad del electorado que dio su voto a Juntos por el Perú. ¿Cómo no escuchar este mensaje y hacer algo al respecto? Si Keiko no toma medidas efectivas para enfrentar estos problemas, sobre todo para generar la percepción de que se está trabajando en resolverlos, en cinco años estaremos nuevamente enfrentando un drama similar al que acabamos de sufrir.

6. ¿Drama? Sí, sin duda. Nuevamente estuvimos al borde del precipicio o, cuando menos, de prolongar y agravar la degradación institucional, la corrupción y la pérdida de oportunidades para las grandes mayorías que caracterizaron al Gobierno de Perú Libre. Hoy, todo indica que muy probablemente esto no será así. Tal como lo anticipan tanto los expertos en análisis electoral como los mercados financieros, lo más probable es que en los próximos cinco años no seremos gobernados por Roberto Sánchez, Antauro Humala, José Domingo Pérez y sus aliados. En efecto, se pronostica el triunfo de Keiko Fujimori, con lo cual muchos hemos suspirado con cierto alivio –aproximadamente la mitad del electorado–.

7. Lo que acabamos de vivir no es un fenómeno nuevo; desde hace mucho tiempo jugamos a la ruleta rusa cada cinco años, cuando nos acercamos a votar en la segunda vuelta electoral. Eso es lo que hemos experimentado repetidamente desde el 2006, salvo en las elecciones del 2016. La verdad es que no hemos logrado generar consensos mínimos en torno a una agenda pública y un conjunto de prioridades nacionales que brinden estabilidad y reduzcan la incertidumbre. Tras los sustos electorales, excluimos sistemáticamente a los perdedores, nos olvidamos de ellos y sus demandas hasta la próxima justa electoral. Tal vez esto sea un reflejo de la precariedad de nuestros partidos políticos y la consecuente debilidad de nuestro sistema democrático. Probablemente, pero la pregunta es ¿Qué se debe hacer a partir del 28 de julio?

8. Me atrevo a sugerir enfocarse en “no hacer más de lo mismo”. En un eventual Gobierno de Keiko Fujimori, la presidenta –además de cumplir con los elementos centrales de su plan de gobierno– debe también escuchar a los que no votaron por ella. Por lo pronto, tratar de focalizar la inversión pública y mejorar la calidad del gasto público en las regiones donde el modelo económico ha redituado menores beneficios, en las denominadas regiones antisistema. Y, por supuesto los gestos: escuchar con respeto, invitar a técnicos de la oposición a colaborar en la titánica tarea de gobernar al Perú. Unidos somos más.

Carlos E. Paredes es socio fundador de Intelfin y docente de la U. Continental.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.

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