
Esta semana, la nueva presidenta del Consejo de Ministros, Denisse Miralles —hasta hace nada nuestra ministra de Economía—, me hizo recordar esa frase demoledora de Winston Churchill contra la política de apaciguamiento de Chamberlain ante Hitler: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra”.
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No es una exageración histórica. En una de sus primeras entrevistas en RPP, se le consultó a Miralles si mantendría la postura que tenía en el MEF de denunciar ante el TC las leyes del Congreso que revientan la caja fiscal. Su respuesta, sin embargo, fue un baldazo de agua fría para quienes esperaban un “adulto en la habitación”.

Miralles, decepcionando al viejo Churchill, soltó que ahora su estilo es “más conciliador” y que “prioritariamente tenemos que sentarnos a conversar con los autores de esas leyes”. El problema es que, mientras la premier busca el café y el diálogo, el Congreso sigue aprobando leyes impagables a ritmo de metralleta. Dialogar con un populista que ya tiene el dedo en el gatillo del gasto no es estrategia, es rendición.
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Las cifras del Consejo Fiscal son de terror y no admiten diálogo. Se han promulgado 299 leyes con impacto fiscal adverso en este periodo 2021-2026. El costo de las normas aprobadas solo por insistencia supera los 35,000 millones de soles anuales. Sí, leyó bien. Es un forado que compromete no solo este presupuesto, sino el de la próxima década.
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Lo más preocupante es que este “apaciguamiento” ya viene de atrás. El gobierno de José Jerí, donde Miralles mandaba en el MEF, dejó pasar 26 leyes del Congreso sin observar en apenas cuatro meses. El CF advierte que solo 10 de esas leyes nos costarán más de 1,350 millones de soles al año. ¿Por qué no se objetaron en su momento? ¿Ya se estaba cocinando esta “conciliación” a costa del bolsillo de todos?
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Es verdad, Miralles no es Churchill ni estamos ante un ejército invasor, pero hoy ella es la autoridad que debería frenar a un grupo de políticos desesperados por gastar lo poco que nos queda en esta fiesta electoral. El populismo parlamentario no entiende de razones técnicas, entiende de límites, y la premier acaba de avisar que los límites son “conversables”.
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Pero el drama no termina en Palacio ni en la Plaza Bolívar. El IPE revisó los 35 planes de gobierno de quienes aspiran a la presidencia en el 2026 y el resultado es desolador: ningún plan plantea un manejo sostenible de las finanzas. Al contrario, abundan propuestas contraproducentes: más gasto discrecional, más empresas públicas y gollerías tributarias.
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El mayor problema no es solo que el próximo gobierno recibirá las cuentas deterioradas, sino que nadie parece tener la intención de arreglarlas. La “farra” ya empezó y tiene la bendición de un Ejecutivo que prefiere la paz momentánea de los pasillos antes que la guerra necesaria por la estabilidad del país.
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Señora Miralles, sentarse a conversar con quienes están incendiando la pradera fiscal puede que le dé unos meses de tranquilidad política, pero nos está costando el futuro. La cuenta de esta cena “conciliadora” va a ser impagable y, para cuando llegue el recibo, usted ya no estará ahí para dar explicaciones. La historia —y Churchill— no suelen ser amables con quienes eligen el deshonor para evitar una batalla que era su obligación pelear.
Omar Mariluz Laguna es periodista.








