
Durante los últimos años, el escenario económico global ha estado dominado por recurrentes advertencias de recesión. Primero fueron las agresivas alzas de tasas de interés; luego, las tensiones geopolíticas, las disrupciones energéticas, la desaceleración china y las barreras comerciales. Sin embargo, la economía global –y en particular la estadounidense– ha seguido creciendo. Más aún, existen razones para pensar que esta resiliencia podría mantenerse.
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En primer lugar, las políticas públicas siguen siendo relativamente expansivas. Aunque los bancos centrales elevaron significativamente sus tasas de referencia pospandemia, los déficits fiscales permanecen elevados y las condiciones financieras continúan favoreciendo la actividad económica. En términos agregados, la política económica sigue ofreciendo soporte al crecimiento.

A ello se suma la inversión vinculada a inteligencia artificial (IA). Estamos presenciando uno de los mayores ciclos de gasto en capital de las últimas décadas. En Estados Unidos, la inversión asociada a la IA aporta cerca de medio punto porcentual al crecimiento anual del PBI y continúa expandiéndose a tasas de doble dígito. La demanda por centros de datos, infraestructura digital y semiconductores sigue acelerándose, mientras que las ventas globales de semiconductores prácticamente se han duplicado durante el último año. Esta tendencia, además, empieza a difundirse hacia otros sectores de la economía.
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Asimismo, el consumidor también ha contribuido a desafiar los pronósticos más pesimistas. Pese a la inflación y al aumento de tasas observado en años recientes, los hogares han mantenido una posición financiera saludable. El patrimonio neto de las familias estadounidenses continúa cerca de máximos históricos, la carga de deuda permanece contenida y el mercado laboral muestra señales de fortalecimiento reciente. Esto es especialmente importante porque el consumo representa cerca del 70% de la economía estadounidense.
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Finalmente, el repunte de la manufactura global también juega un rol importante. Luego de varios años de debilidad, los indicadores manufactureros han vuelto a terreno expansivo. El ISM manufacturero estadounidense superó el umbral de 50 puntos y los indicadores de comercio internacional muestran una recuperación gradual luego del ruido experimentado en el 2025. Históricamente, estas variables suelen anticipar mejoras en la actividad económica global.
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Naturalmente, este contexto no está libre de riesgos. El principal riesgo de cola que observamos es la inflación. Después de varios shocks de oferta –energía, conflictos geopolíticos y reconfiguración de cadenas de suministro– las presiones inflacionarias han demostrado ser más persistentes de lo esperado. Una inflación más elevada podría obligar a los bancos centrales a mantener condiciones monetarias restrictivas durante más tiempo, poniendo en riesgo la expansión económica.
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En general, creemos que el entorno continúa siendo favorable. La economía global ha absorbido distintos tipos de choques esta década sin caer en recesión, y la combinación de inversión empresarial robusta, consumidores resilientes y una actividad industrial que vuelve a ganar dinamismo sugiere que la expansión aún cuenta con bases sólidas. Si bien las presiones inflacionarias y la consiguiente respuesta de los bancos centrales son un riesgo relevante, seguimos viendo un escenario moderadamente positivo para la economía global y los activos de riesgo.
Jorge Beingolea es director de Soluciones de Portafolio en Credicorp Capital Asset Management.







