
Escribe: Jorge Montero Cornejo, ministro de Energía y Minas
En nuestra reciente intervención en el PDAC 2025, la mayor convención minera mundial, realizada en Toronto (Canadá), hemos reafirmado el mensaje respecto a que la minería y la energía son sectores que generan grandes oportunidades de desarrollo para nuestro país, pero su impacto real se podrá medir solo en la medida que contribuyan a la transformación de los territorios y al bienestar de la población.
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Perú es un país minero, pero esa no es nuestra única característica. Contamos con una amplia diversidad de recursos que hacen posible que desarrollemos varias actividades económicas en paralelo. La minería es la que más recursos puede generar, aún así consideramos fundamental dar un paso adelante e impulsar inversiones en la industria metalúrgica, que nos permitirá dar valor agregado a nuestra amplia gama de minerales estratégicos.
Perú tiene una importante tradición metalúrgica desde inicios del siglo XX, cuando operaba el Complejo Metalúrgico de La Oroya, procesando la producción minera del centro del país, principalmente concentrados de cobre, plomo y zinc.
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Nuevas inversiones se han realizado para viabilizar plantas metalúrgicas en Perú, como la ampliación de la Refinería de Cajamarquilla, operada por Nexa, en la que se procesa el zinc junto a otros minerales como el indio; la anunciada ampliación de la refinería de cobre en Ilo, operada por Southern en la región Moquegua; y la refinería de Minsur en Pisco, región Ica, en la que se procesa el estaño producido en la región Puno, un mineral del que somos grandes productores a nivel mundial.
Es un esfuerzo valioso, y creemos que debe ser replicado y continuado por otras empresas operadoras de grandes unidades mineras a fin de posicionar al Perú no solo como productor de materias primas, sino como un país con capacidades técnicas para procesar minerales estratégicos.
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Esto hará posible que nuestro país ingrese en la privilegiada lista de naciones que pueden poner en valor los minerales para la transición energética. Tenemos no menos de nueve minerales estratégicos, generalmente presentes como trazas (ppm) en concentrados masivos, que solo mediante un adecuado proceso metalúrgico pueden ser recuperados (lantano, indio, vanadio, cobalto, entre otros) para nuevas tecnologías y que el Perú puede ofrecer en los mercados globales.
El refinado de los concentrados de cobre, zinc y plomo permitirá separar los minerales estratégicos y darles un uso comercial, generando nuevos espacios para la inversión, fortaleciendo capacidades, aumentando el dinamismo comercial y alentando el crecimiento del empleo, además de posicionar al Perú como un actor clave en la transición energética y la captación de inversiones.
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Si el Perú quiere ser jugador en la escena de los metales estratégicos, tiene que hacer metalurgia con estándares modernos, cumpliendo con la legislación ambiental y garantizando la sostenibilidad social de sus actividades industriales mineras.
Estamos en el umbral de una revolución en la faena minera, y la metalurgia forma parte de este nuevo camino, junto al aprovechamiento de las energías renovables, el uso sostenible de los recursos hídricos a través de la desalinización del agua de mar y la articulación de la actividad minera con el desarrollo territorial. Tenemos la posibilidad de avanzar en esa ruta, que nos permitirá garantizar la sostenibilidad de todas las actividades y el crecimiento económico que anhelamos como país.