
María vive en Mollendo y está afiliada al SIS. Cuando se enferma va a la posta de su localidad. Si tiene una complicación, la derivan al hospital de Camaná, a dos horas. Viaja con una nota casi ilegible del médico y sin los resultados de los exámenes que le hicieron, los cuales debe repetir. Escribí sobre María hace cinco años. Nada ha cambiado.
El ministro de Salud ha dedicado sus primeras semanas a explicar y mostrar la situación del sector: equipos biomédicos inoperativos, equipos alquilados durante años que no aportan capacidad de atención, más de 3,400 establecimientos sin conexión a internet. Los datos nacionales confirman lo calamitosa de la situación: cerca de la mitad de los pacientes atendidos en un establecimiento público sale sin los medicamentos que le recetaron y más de 50 obras de salud están paralizadas. Por cierto, presupuesto ha habido, incluso para jeringas próximas a vencer.

María está asegurada en el papel, pero desprotegida en la realidad. Que el ministro lo exponga con claridad a la opinión pública es valioso: las reformas necesitan respaldo ciudadano para enfrentar resistencias, y luego también para mantenerse.
El ministro tiene razón en que el Estado es ineficiente organizando la construcción de hospitales. Pero el problema va más allá: también falla organizando y gestionando la atención. Por ello, el reto no es cómo organizar mejor la construcción, sino cómo mejorar la prestación del servicio. Más aún, el reto es cómo mejorarlo en este periodo de gobierno y lograr que la mejora no se la traigan abajo en el siguiente.
María no puede esperar a que mejore la gestión publica para recibir un buen servicio de salud, más luego de ver los lamentables retrocesos de los últimos años. Por eso, necesitamos insistir en la mejora de la gestión pública, pero también impulsar arreglos institucionales menos dependientes de la calidad de los funcionarios públicos y los políticos de turno.
Eso supone pasar la provisión de servicios a operadores con autonomía de gestión, que respondan por resultados y puedan ser reemplazados si no los logran, sean estos privados, comunitarios u organizaciones sin fines de lucro.
Al respecto, la evidencia peruana es elocuente sobre arreglos institucionales que permiten ofrecer mejores servicios y, muy relevante, muestra que, para evitar retrocesos, tienen que generar usuarios que perciban su valor y los defiendan. El modelo CLAS dio a la comunidad control sobre su posta; llegó a administrar un tercio del primer nivel del país, con mejor cobertura y menores tiempos de espera que los establecimientos comparables, pero lamentablemente fue desvirtuado a punta de nombramientos. Los hospitales Barton y Kaelin, financiados con recursos del Estado y operados por un privado contra metas, atienden a más de medio millón de asegurados desde hace más de diez años con elevados niveles de satisfacción de los usuarios. Y Fe y Alegría gestiona colegios públicos desde hace más de cincuenta años con alta valoración por estudiantes y padres de familia.
En los tres casos se mejoró la provisión, pero solo en los últimos dos hubo consciencia en la opinión publica y los usuarios de ello, y capacidad de organización para evitar retrocesos. En línea con lo anterior y pensando en María, planteo dos medidas en el sistema de salud que apuntan a lo mismo: que el dinero público compre atención, que con ello logremos usuarios bien atendidos que valoren el nuevo arreglo institucional y que sean los propios usuarios quienes exijan mantenerlo y no retroceder.
La primera: que el seguro financie y el asegurado elija. EsSalud y SIS deben operar como seguros que compran atención, no como monopolios donde el usuario esta obligado a atenderse. El intercambio prestacional entre entidades públicas es ley desde hace años, pero sigue siendo una buena intención; María aún no puede atenderse en el EsSalud de Mollendo. Que pueda hacerlo, y que gradualmente no solo se compre servicios a establecimientos públicos sino también a prestadores privados acreditados.
La segunda: que todo hospital nuevo se contrate con operación incluida, como Barton y Kaelin, y no solo la obra. Es un modelo probado, hagamos que más peruanos reciban los beneficios del mismo.
Ministro, haga que María pueda elegir y sentir la diferencia. Que muchos peruanos reciban una atención que valoren y no estén dispuestos a perder. Y difúndalo. Sólo así lograremos mejoras que los usuarios defiendan y así duren en el tiempo.
Elena Conterno es especialista en políticas públicas







