
Escribe: Antonio Cevallos, gerente general de BBVA Asset Management
¿Alguna vez has sentido miedo al escuchar la palabra “préstamo” o “crédito”? Para la mayoría, la deuda es un peso que nos puede generar estrés, manteniéndonos atrapados en un ciclo de trabajar solo para pagar intereses. Sin embargo, en el mundo de la educación financiera, la deuda no es un enemigo, sino una herramienta poderosa que, bien utilizada, puede acelerar el camino hacia el cumplimiento de tus objetivos personales y financieros.
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La clave es llegar a entender una distinción fundamental:

- Deuda Mala
La deuda mala es aquella que utilizas para financiar pasivos, es decir, cosas que sacan dinero de tu bolsillo y pierden valor con el tiempo.
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- Ejemplos comunes: Usar la tarjeta de crédito para ropa, cenas, o el último smartphone que se deprecia apenas sale de la tienda.
- El impacto: Pagas intereses altos por algo que ya no vale lo que costó. Esto destruye tu capacidad de ahorro y frena tu capacidad de inversión.
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- Deuda Buena
La deuda buena es el apalancamiento. Es dinero que pides prestado para adquirir un activo que genera ingresos suficientes para pagar la cuota del préstamo y dejarte una ganancia adicional.
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- Ejemplos comunes: un crédito hipotecario para una propiedad que vas a alquilar (donde el alquiler cubre la hipoteca y gastos) o un préstamo para capitalizar un negocio que ya está funcionando.
- El impacto: estás usando el dinero de otros (el banco) para construir tu propio patrimonio. Aquí, el dinero trabaja para ti.
Cómo empezar a gestionar tus deudas hoy:
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Para que la deuda sea tu aliada permanentemente, te recomiendo que apliques este sistema de cuatro pasos:
- Auditoría de tasas y método de “bola de nieve”: Revisa mensualmente qué intereses estás pagando. Prioriza eliminar las deudas de consumo (tarjetas) que tienen las tasas más altas, ya que son “fugas de capital” constantes. Una vez liquidada la deuda más pequeña, usa ese dinero liberado para atacar la siguiente; esto crea un impulso psicológico y financiero que acelera tu salida de la “carrera de la rata”.
- Regla de oro: No te endeudes por ego. Antes de cualquier compra por impulso, aplica la pausa de 24 horas. Si el objetivo no pondrá dinero en tu bolsillo, no lo financies. Recuerda que el 40% de las compras en línea son emocionales, no necesarias.
- Construye tu blindaje antes de atacar: No cometas el error de confiar solo en tu memoria o en lo que “sobre” a fin de mes. Antes de destinar cada centavo al pago de deudas, asegúrate de automatizar un pequeño porcentaje para un fondo de emergencia. Sin este colchón, cualquier imprevisto te obligará a recurrir nuevamente al crédito caro, saboteando tu progreso y tu tranquilidad mental.
- Capacítate antes de apalancarse: Las personas ricas no evitan el riesgo, aprenden a gestionarlo. Antes de tomar una “deuda buena”, como un crédito para inversión, estudia los números con rigor. Tu inteligencia financiera es la única que determina si un préstamo es una herramienta de crecimiento o una trampa de consumo.
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La transición de deudor a inversionista es el resultado de un sistema y una disciplina constante. El objetivo final no es simplemente “no deber nada”, sino optimizar tu capital para construir una cartera de activos que eventualmente cubra tus gastos. Al final del día, el orden financiero te otorga la libertad de elegir cómo quieres vivir realmente tu vida.







