
Escribe: Galantino Gallo, CEO de Prima AFP
Nada impulsa más la innovación, la calidad y la mejora en la experiencia de los usuarios que la libre competencia y el ingreso de nuevos actores al mercado. Sobre todo cuando hablamos de sectores poco acostumbrados a la disrupción o atascados en el tiempo.
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Pensemos, por ejemplo, en los taxis. Empresas como Uber llegaron –no sin resistencia de parte de los proveedores tradicionales del servicio– para redefinir la manera en la que se establecen las tarifas, la conveniencia con la que se solicitan los viajes, la forma en la que identificamos a los conductores y la trazabilidad y seguridad en los trayectos. O consideremos la industria de teléfonos inteligentes: aunque Apple abrió una nueva era con el iPhone, la participación de marcas como Samsung y Huawei aumentó el uso de estas herramientas y apuntaló una cultura de inacabable innovación en la industria. Literalmente, todos los años aparecen nuevas y mejores versiones de estos productos.
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Desde hace mucho (más de 30 años), el sector previsional peruano reclama el tipo de inyección de energía que solo la apertura a nuevos contendores puede traer. Y, hasta hace poco, no existía legislación dirigida a flexibilizar el panorama lo suficiente para que esto se logre. Felizmente, la reforma del sistema de pensiones, aprobada el año pasado, tiene el potencial de cambiar las reglas de juego en este terreno y en beneficio de todos. La meta: un sistema con más opciones para el afiliado, donde este pueda optar por los servicios que sintonicen mejor con sus expectativas y donde los proveedores se sepan en la necesidad de ofrecer mejores productos, atención y costos.
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El logro de este objetivo dependerá en gran medida de las condiciones que establezca el reglamento hoy en elaboración. Y para que la competencia realmente florezca, será clave que las nuevas entidades operen en un entorno equilibrado, con reglas claras que garanticen un trato parejo para todos y con libertad para atraer nuevos clientes.
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En esa línea, será importante, por ejemplo, que se permita el empleo de herramientas básicas de competencia para apostar por el interés de los usuarios, como la posibilidad de ofrecer beneficios o promociones, algo común en cualquier otro sector y hoy prohibido en el previsional. La capacidad de lograr diferenciación mediante incentivos legítimos no solo dinamiza el mercado, sino que también potencia la relación entre las entidades y sus afiliados, generando mayor involucramiento y confianza en el sistema.
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De igual manera, el reglamento debe abrir las puertas para que la atención al público pueda darse desde espacios compartidos con otras empresas y más cerca de los afiliados, en lugar de forzar a los nuevos operadores a invertir muchísimo dinero en infraestructura costosa. En ese sentido, también existe mucho valor, por un lado, en modernizar los canales de venta, permitiendo su tercerización bajo responsabilidad clara y, por otro, en facilitar que las AFP presten servicios a otras empresas, aprovechando su infraestructura, haciendo aún más interesante el sector para los inversionistas.
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En suma, una serie de medidas que dinamizarían enormemente el sistema en pro de los usuarios y que, además, deberían remarcar la obsolescencia de medidas como las licitaciones, que añaden ventajas artificiales que distorsionan el mercado.
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Así las cosas, se preguntarán: ¿por qué las AFP querrían que ingresen más actores a la cancha? ¿Qué sentido tiene que ellas mismas estén impulsando esta apertura? Es simple. La competencia afianza la legitimidad de las industrias y las hace más saludables. Más participantes, con más opciones y servicios, terminan incluyendo a más personas en el sistema y amplificando el alcance de la educación financiera y la confianza en el sector. Un win/win para el país y para las administradoras. Al mismo tiempo, la situación genera un ecosistema ideal para atraer talento de calidad, mejorar la infraestructura y contar con un gremio mucho más sólido cuando toque encarar regulación lesiva para los clientes.
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Pero lo más importante es que todo esto nos forzaría a ser cada vez mejores para los afiliados, a nunca quedarnos quietos. Y eso es fundamental.
