
Escribe: Ljubica Vodanovic, socia de Vodanovic
Antes, se pensaba que la regulación podía ser un freno a la innovación. Hoy, esa idea va quedando atrás, al menos en el sector financiero. En medio de la profunda transformación digital que vivimos, el enfoque actual es que la regulación puede convertirse en la aliada principal para generar nuevos modelos de negocio y nuevas oportunidades de crecimiento para las empresas. Al definir reglas claras, estándares comunes e infraestructura compartida, la regulación puede motivar al sector privado a innovar a mayor escala, con mayor seguridad y menor fricción, ampliando la base de clientes y servicios. Por eso, es clave que el sector financiero analice las normas no sólo como una lista de nuevas obligaciones sino como espacios para nuevas oportunidades.
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Veamos la norma de interoperabilidad de pagos. Cuando un regulador, como el BCR, impulsa que distintos sistemas puedan “conectarse entre sí”, no solo está buscando mayor eficiencia. En la práctica, está ampliando el mercado: más transacciones, más usuarios potenciales y espacio para nuevos servicios de valor agregado. Interoperar permite crecer sin quedar atrapado en una base cerrada de clientes y, además, reduce los costos de adquisición. A partir de ahí, el paso lógico es la estandarización de API, que no es otra cosa que un idioma común entre distintas plataformas. Sin estándares, cada integración es lenta, cara y casi artesanal. Con estándares, en cambio, se crea un entorno donde terceros pueden desarrollar soluciones de manera masiva y segura, lo que da lugar a verdaderas economías de plataforma.

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Ahora viene un cambio aún más disruptivo: la iniciación de pagos, que trae el nuevo Reglamento de Pagos. En este modelo, un tercero autorizado puede iniciar un pago desde su propia app, sin tener que custodiar el dinero del usuario, que sigue estando en su banco. Esto separa la experiencia de pago de la custodia de los fondos y redefine por completo cómo compiten los actores del mercado. Esto ya ocurre en otros países. En India, por ejemplo, la infraestructura de pagos permitió que aplicaciones no bancarias iniciaran pagos directamente desde cuentas bancarias, incrementando por millones el número de usuarios. La innovación privada floreció porque existían rieles regulatorios públicos sólidos.
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En América Latina, el caso más exitoso hasta hoy es Brasil, donde su sistema Pix y el open finance obligatorio crearon un terreno fértil para modelos de negocios más eficientes. En Perú, el piloto de moneda digital del BCR ya superó los cuatro millones de usuarios y este año, se habilitará la nueva infraestructura pública de pagos. En paralelo, la SBS trabaja la hoja de ruta del open banking, con más competencia, innovación y personalización de los servicios financieros.
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Visto en conjunto, el mensaje es potente: la regulación no frena la innovación, la encausa. Cuando el regulador crea estándares, habilita la iniciación de pagos o construye una infraestructura común, el sector privado responderá con nuevos modelos de negocio, más competencia y mejores servicios. Por eso, entender la regulación es conocer el mercado. Y quienes lo entiendan, serán los primeros en capturar las nuevas oportunidades.








