
Jorge Beingolea, Director de Soluciones de Portafolio en Credicorp Capital Asset Management
Durante el 2025, la renta variable latinoamericana destacó nítidamente a nivel global, al rendir 55% impulsada por el fortalecimiento de las monedas regionales, el repunte de los términos de intercambio —por el alza en el precio de los metales— y políticas monetarias prudentes. Todo esto contribuyó a que el flujo de capitales hacia la región se mantuviera resiliente. Para el 2026, consideramos que estas dinámicas seguirán vigentes, algo que se valida por el 15% de retorno obtenido por el índice MSCI Latam durante enero.
Latinoamérica ingresa al 2026 con un viento a favor poco común: fundamentos macroeconómicos robusteciéndose, un contexto global que continúa impulsando la demanda por materias primas y una mejora sostenida en las condiciones financieras regionales. Todo ello configura un escenario constructivo para la renta variable, que podría entregar un nuevo año de retornos atractivos.
El crecimiento regional muestra signos de aceleración moderada, dentro de un contexto en el que la actividad global —en particular, el comercio internacional— se ha mostrado sorpresivamente sólida ante la conmoción arancelaria impulsada por el gobierno de Donald Trump.

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Impulso externo y mejora local
Chile y el Perú se benefician directamente del agresivo repunte del cobre y el oro, mientras México lo hace del dinamismo manufacturero vinculado a la reorganización de cadenas globales. En paralelo, Brasil avanza hacia un ciclo más benigno de política monetaria, con inflación contenida y espacio para recortes adicionales de tasas, lo que apoyaría al consumo y a los sectores domésticos. Esta combinación de impulso externo y mejora local favorece la expansión de utilidades corporativas, un elemento clave para sostener la tendencia de valorizaciones, que aún siguen siendo relativamente bajas.
Asimismo, la credibilidad de los bancos centrales latinoamericanos constituye un ancla de estabilidad. Con la inflación convergiendo progresivamente a los rangos meta en gran parte de la región, las tasas reales continúan siendo atractivas para los inversionistas internacionales, lo cual se suma a dividendos de renta variable superiores a los de pares emergentes y desarrollados. Esto refuerza la expectativa de que las monedas latinoamericanas mantendrán su fortaleza relativa, proporcionando un soporte adicional a los retornos en acciones.
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Riesgos principales
En cuanto a riesgos, el panorama político –particularmente en Brasil, Perú y Colombia, que entran en ciclos electorales– podría introducir episodios potenciales de nerviosismo en el mercado, dependiendo de cómo vayan decantándose los escenarios. Sin embargo, en general, la situación fiscal y externa es hoy significativamente más robusta que en ciclos previos, lo que limita el impacto de eventuales ‘shocks’. Salvo eventos políticos disruptivos –ya sea locales o internacionales–, la región está mejor preparada para absorber incertidumbre sin comprometer la trayectoria positiva de sus economías y mercados financieros.
En síntesis, la bolsa latinoamericana encara el 2026 con fundamentos que justifican una visión positiva. Aunque no estará exenta de fuentes de volatilidad, creemos que el 2026 la región debería seguir siendo un componente destacado en el índice global. En ese sentido, mantenemos nuestra recomendación de sobreponderar las acciones latinoamericanas en una estrategia de acciones globales, financiados mediante una subponderación de mercados desarrollados.








