
Escribe: Jaime Dupuy, Director ejecutivo de Comex Perú
“El Directorio de EsSalud debe reflejar una participación efectiva de quienes sostienen el sistema, con metas claras, indicadores de desempeño y rendición de cuentas pública".
La salud no es un gasto. Es la inversión más importante para la sostenibilidad de cualquier economía. Y, sin embargo, en el Perú seguimos tratándola como una variable secundaria en la gestión pública.
Hoy el sistema nacional de salud —y en particular EsSalud— enfrenta una crisis que no admite más diagnósticos, sino decisiones. Las cifras son contundentes: cuatro de cada diez asegurados no buscan atención cuando la necesitan y, entre quienes lo hacen, la mayoría termina atendiéndose fuera del propio sistema. Entre el 2019 y 2024, los asegurados habrían asumido más de S/ 26,000 millones en gastos por atenciones y medicamentos no cubiertos. Esto equivale a trasladar el costo de la ineficiencia pública directamente al trabajador formal y a las empresas que financian el sistema.
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Al mismo tiempo, la calidad del servicio se deteriora. Entre el 2019 y 2024 se registró una contracción de 770,000 consultas externas y el tiempo promedio para acceder a una cita pasó de 10.4 a 26.9 días. Sin embargo, en ese mismo periodo se desembolsaron S/ 9,824 millones en bonos de productividad. Solo en el 2024, el pago por bonificaciones ascendió a S/ 2,701 millones.
Más del 50% del presupuesto de EsSalud ya se destina a planillas, reduciendo el espacio para inversión en infraestructura, equipamiento y medicamentos. Desde la perspectiva empresarial, esto no solo es ineficiente: es insostenible.
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Este no es un problema sectorial, sino estratégico. La salud impacta directamente en la productividad laboral, el ausentismo, la competitividad y el clima de inversión. Un sistema de salud colapsado erosiona la formalidad, desincentiva el empleo formal y debilita la confianza institucional.
Fortalecer la gobernanza. EsSalud se financia principalmente con aportes vinculados al empleo formal canalizados por las empresas. Por tanto, su Directorio debe reflejar una participación efectiva de quienes sostienen el sistema, con metas claras, indicadores de desempeño y rendición de cuentas pública.

¿Qué hacer?
Convertir el intercambio prestacional en política de Estado. El asegurado debe atenderse donde exista capacidad resolutiva, pública o privada, sin barreras administrativas. Para ello, es indispensable un fideicomiso que garantice pagos oportunos y transparentes a los prestadores.
Introducir gestión profesional con evaluación permanente de desempeño, revisión de esquemas de incentivos y digitalización integral de procesos. No se puede premiar con bonos un sistema que atiende menos y peor.
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Replicar los casos exitosos de asociaciones públicos privadas.
La salud es un pilar de competitividad país. Si queremos crecimiento sostenido, formalización y reducción de pobreza multidimensional, debemos empezar por garantizar servicios oportunos y de calidad.
El Perú necesita tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario. En salud, hoy necesitamos un Estado que gestione mejor, rinda cuentas y permita que la complementariedad público-privada funcione. No hay más tiempo que perder.








