La promoción de la construcción de gasoductos y la exploración de nuevos yacimientos, a la vez que se avanza en la participación de fuentes renovables, nos permitirá reducir nuestra vulnerabilidad y poder afrontar nuevos choques en el futuro.
La promoción de la construcción de gasoductos y la exploración de nuevos yacimientos, a la vez que se avanza en la participación de fuentes renovables, nos permitirá reducir nuestra vulnerabilidad y poder afrontar nuevos choques en el futuro.

Uno de los principios básicos cuando se invierte o se compra de manera permanente cualquier producto o servicio es la diversificación de fuentes de abastecimiento para poder mantener el flujo permanente del insumo o producto que se requiere.

En el caso de la energía, sabemos que es clave contar con un flujo de energía en las cantidades y calidades necesarias, porque, al no contar con ello, se pone en riesgo la actividad económica del país. Esto nos lleva al concepto de seguridad energética, que es precisamente la capacidad de un país o de una economía para garantizar el suministro de energía en óptimas condiciones, con el fin de asegurar su normal funcionamiento.

En el caso de nuestro país, lo mostrado la semana pasada ha revelado la vulnerabilidad que presenta nuestra economía. No solo tenemos el efecto de cantidad, que reduce la producción de diversos bienes que dependen de la provisión de gas, sino también el incremento de los precios de las fuentes de energía por un simple análisis de oferta y demanda. A menor oferta, el precio de los combustibles tiende a subir.

Si a ello le agregamos lo que viene pasando en el estrecho de Ormuz, vemos que los precios de los combustibles han aumentado. No existe especulación necesariamente, sino un comportamiento racional ante el riesgo y las nuevas condiciones coyunturales del mercado.

Ahora la pregunta es: ¿Puede ocurrir de nuevo? Y la respuesta es que sí, obviamente. Nunca estamos libres de accidentes o eventos imprevisibles.

Lo que sí está en nuestras manos es evitar que estos eventos afecten la actividad económica mientras se solucionan. Para ello, debemos pensar en qué hacer para mejorar la seguridad energética estratégica, en la que muchos países están adelantados y cuyas experiencias podemos analizar para implementar la nuestra.

No es momento de buscar culpables (si hubo negligencia o no se determinará debidamente), sino de plantear propuestas y trabajar rápidamente en ello. Por ello, existen medidas en las que tenemos que pensar desde ahora y que el nuevo Gobierno que inicie funciones en julio debe incorporar dentro de las políticas que implementará desde el inicio.

Un primer paso es generar reservas que permitan contar con combustible para al menos un mes de abastecimiento. Esto implica analizar los diferentes tipos de reservorios que se pueden construir con tal fin. Existen diversas alternativas, como la construcción de reservorios subterráneos cerca de los centros de consumo. También el enfriamiento es otra alternativa.

Una recomendación obvia, que ha sido repetida incesantemente, ha sido la construcción de otros gasoductos que estén integrados entre sí. Esta red de gasoductos debe diseñarse para asegurar el flujo hacia diferentes zonas del país.

Un tema de más largo plazo es contar con fuentes de energía renovable. La transición energética implica contar cada vez más con fuentes de energía renovable (hidroeléctrica, eólica, geotérmica o solar). Allí es donde no tenemos una entidad que observe este balance.

Necesitamos, desde el marco promotor de inversiones, una entidad que vea todo el panorama y establezca objetivos de largo plazo con esta mirada, que debe tomar en cuenta los recursos con que contamos y utilizarlos de manera eficiente. Esto implica incentivar la exploración de gas y petróleo y el fomento de las energías renovables.

El yacimiento de Candamo, que puede ampliar las reservas de gas, debe ser una prioridad. Por ello, el nuevo ente que se debe crear debe incorporar todas las fuentes de energía existentes y manejar el portafolio de promoción de manera estratégica. La dispersión que existe hasta el momento muestra una falta de estrategia.

Tener un mapa de necesidades de energía es clave, porque puede orientar las inversiones de distintos tipos de fuentes que sean las más adecuadas para cada situación. De hecho, algunas operaciones mineras tienen sus propias fuentes de energía, pero ¿qué se hace en zonas rurales y alejadas de zonas mineras y centros urbanos? ¿Qué se hace en algunas zonas de la selva?

También es clave ir hacia un esquema en el que se promueva la eficiencia energética en edificios, industrias y transporte. Algunos países utilizan subsidios para fomentar el uso de estas tecnologías.

Por ello, de cara al futuro y ante la incertidumbre que está en aumento tanto a nivel nacional como internacional, debe plantearse una política que tome en cuenta las tendencias mundiales, así como la oferta y demanda de energía en el país para la adopción de políticas.

La promoción de la construcción de gasoductos y la exploración de nuevos yacimientos, a la vez que se avanza en la participación de fuentes renovables, nos permitirá reducir nuestra vulnerabilidad y poder afrontar nuevos choques en el futuro. Debemos aprender de la experiencia de la semana pasada.

Carlos Casas Tragodara es director del Centro de Estudios sobre Minería, Energía y Sostenibilidad de la Universidad del Pacífico.

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