Con 70.7% de informalidad y sin un seguro de desempleo, el joven que no encuentra su primer empleo muchas veces termina en la informalidad, donde la IA no llega y las posibilidades de acumular experiencia especializada tampoco. (Foto: Composición Gestión/ Gemini).
Con 70.7% de informalidad y sin un seguro de desempleo, el joven que no encuentra su primer empleo muchas veces termina en la informalidad, donde la IA no llega y las posibilidades de acumular experiencia especializada tampoco. (Foto: Composición Gestión/ Gemini).

El AI Index Report 2026 de la reveló que, en , el de jóvenes de 22 a 25 años con ocupaciones más expuestas a la (IA) cayó alrededor de 16%, mientras que el de sus colegas mayores apenas se movió. No hubo despidos masivos; ocurrió algo silencioso: las dejaron de contratar en la base. Este dato describe el riesgo más serio que la IA plantea al Perú: la desaparición de la escalera por la que cada generación aprende a convertirse en experta.

La lógica es inquietante. Las ganancias de la IA son mayores en tareas rutinarias desarrolladas por los trabajadores con menos experiencia, como redactar borradores, revisar contratos estándar o procesar datos. Pensemos en el sector financiero o de consultoría, el trabajo que antes realizaba un perfil junior en días, hoy lo resuelve un profesional senior en horas usando herramientas de IA. La eficiencia aumenta, pero a su vez pone en riesgo el puesto de entrada. Esas tareas eran el primer peldaño del practicante contable, el asistente legal o el analista. Si la máquina las hace, la empresa ahorra hoy, pero reduce el espacio en el que se forman los expertos del futuro.

Según el Banco Mundial, en el Perú, alrededor del 31% de los empleos están expuestos a la IA generativa, con mayor incidencia en el sector formal, urbano y universitario. Entre los perfiles más expuestos aparecen técnicos administrativos, contables y legales, programadores y egresados recientes. Además, el INEI señala que, durante el 2025, la tasa de desempleo en jóvenes menores de 25 años se situó en 10.7% –cifra que duplica el promedio nacional–, y en 6.3% entre las personas con educación universitaria.

Aquí aparece la gran diferencia con las economías desarrolladas: con 70.7% de informalidad y sin un seguro de desempleo, el joven que no encuentra su primer empleo muchas veces termina en la informalidad, donde la IA no llega y las posibilidades de acumular experiencia especializada tampoco.

Para afrontar esta situación, se requiere actuar en tres frentes. Las empresas deben tratar la escalera de aprendizaje como un activo y no como un costo, y rediseñar los puestos de entrada para que el perfil junior trabaje con estas herramientas bajo supervisión y aprenda aquello que la máquina no enseña. El Estado, a través del Ministerio de Trabajo y el INEI, debería medir la contratación juvenil en las ocupaciones más expuestas y activar alertas si la brecha se amplía. Por último, las universidades deben lograr que sus títulos certifiquen competencias verificables: un empleador que desconfía del diploma exigirá más experiencia previa, justamente aquello que hoy puede ser más difícil de adquirir.

El mayor riesgo no es que la IA les quite el trabajo a los jóvenes peruanos, sino que los excluya del lugar donde aprenden a trabajar. Es un riesgo silencioso y reversible, pero solo si decidimos mirarlo a tiempo.

Nora Moreno es decana de la Facultad de Economía de la Universidad de Lima

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