
La salud mental en el Perú se ha convertido en un tema de interés social, no solo por el nivel de afectación que impacta a la ciudadanía, sino también por su impacto en el desarrollo económico del país.
En los últimos años se han registrado avances importantes, con más recursos y servicios, así como por políticas públicas que aborden las causas que afectan el bienestar emocional de las personas.
Ante este escenario, es válido preguntarse ¿cuál es el panorama actual y que desafíos aún se tienen que vencer ante ello.
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Diagnóstico de la salud mental
La pandemia de COVID-19 representó un punto de inflexión crítico para la salud mental en Perú, exacerbando vulnerabilidades estructurales preexistentes y exponiendo las profundas brechas del sistema de atención. La evidencia científica post-pandemia revela una crisis de salud pública multidimensional: en 2024, más de 1.3 millones de personas fueron atendidas por trastornos mentales
Rafael Cortez, investigador del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), señaló que la salud mental de los peruanos está gravemente afectada y esto genera importantes costos económicos para las familias y la sociedad, tanto por gastos directos en atención como por pérdida de productividad.
El especialista indicó que, en el Perú, los trastornos mentales representan 32.4 años de vida saludable perdidos por cada mil habitantes.
De acuerdo con el Sistema de Información de Defunciones (Sinadef), el mayor índice de suicidio en las regiones - al 2025 - estuvieron en Arequipa, Lima Metropolitana, Cusco y Puno.
Liz Stefany Muñoz Cordova, licenciada en Psicología, indicó que durante la pandemia se produjo un fuerte incremento de la demanda de atención psicológica.
La especialista mencionó que uno de los factores fue el aumento de conflictos familiares y de pareja, especialmente divorcios, debido a la “convivencia forzada” en espacios reducidos y al encierro prolongado.
En este contexto se impulsó el uso de teleconsultas mediante plataformas como Google Meet, lo que permitió que más personas accedieran a un psicólogo desde su casa.
Pro la mayor demanda vino acompañada de un mayor costo de una sesión psicológica, ubicándose de manera general alrededor de 90 soles por hora.
“Puede ser terapia cognitivo-conductual o de psicoanálisis. Son modelos. Sin embargo, la teoría cognitivo-conductual es uno de los más demandados por los mismos hospitales, clínicas”, acotó.
Liz comentó que, en el Perú, si bien en el ámbito privado el precio se consolidó durante la pandemia, en instituciones públicas especializadas se han registrado aumentos más elevados.
Mencionó el caso del Hospital Víctor Larco Herrera, donde antes de la pandemia una consulta psicológica de una hora costaba aproximadamente entre 12 y 15 soles. Después de la pandemia, las tarifas se han actualizado y ahora se encuentran en aproximadamente 65 soles por consulta, lo que supone incrementos que estima supera el 300%.
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La mirada con Chile
Muñoz Cordova migró a Chile, donde la salud mental se vuelve más costosa y menos accesible que en Perú.
“Son 20 mil pesos (la consulta psícológica), cambiándolo a Perú serían entre 80 y 82 soles, pero la media hora. En Perú, por ejemplo, en una hora puedes tomar una buena terapia a un buen precio y calidad por 90 soles la hora”; explicó.
Estudios longitudinales como los de Niños del Milenio (Young Lives) y el Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) demuestran que la pandemia no creó problemas nuevos, sino que amplificó desigualdades sistémicas relacionadas con género, pobreza, violencia y acceso a servicios.
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Impacto en la sociedad
El investigador del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), comentó que, a nivel mundial se estima que estas enfermedades ocasionan la pérdida del 4% del producto bruto interno.
En tanto, en el hogar, los trastornos mentales generan gastos en medicamentos y servicios médicos, pérdida de ingresos por ausentismo, presentismo (trabajar con baja productividad) y abandono de empleos, además de exigir tiempo y recursos emocionales a los cuidadores familiares.
Cortez añadió que, en las ciudades, la inseguridad y la violencia actúan como factores constantes de estrés desde la infancia, mientras que muchos trastornos que aparecen en la adolescencia requieren tratamientos costosos, los cuales a su vez constan de escasos especialistas que puedan tratarlos.
Ante ello, el especialista propuso mantener y profundizar la priorización de la salud mental, incrementando los recursos financieros, formar más especialistas y plantear una meta de aumento de al menos 50% del gasto en los próximos cinco años, con énfasis en servicios comunitarios y atención primaria.

Bachiller en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza, con seis años de experiencia en prensa radial, escrita, digital e instituciones públicas.








