
El sistema previsional es uno de los componentes más importantes para la construcción de jubilaciones tranquilas y seguras. Ya sea que uno esté afiliado a una AFP o que aporte a la ONP, el objetivo es el mismo: garantizar un ingreso básico cuando se deja de trabajar.
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En ese sentido, la reforma reglamentada el año pasado ha sido un paso importante para fortalecer este esquema en favor de los afiliados, especialmente con medidas como la pensión mínima y con la apertura a nuevos competidores en el régimen privado. Sin embargo, para nadie es un secreto que todavía hay mucho por hacer. Persisten desafíos estructurales vinculados con la baja cobertura, la elevada informalidad laboral y los reducidos niveles de ahorro previsional.

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Y, si bien esto implica, por ejemplo, avanzar en el reto pendiente de acercar el sistema a la mayoría de trabajadores que hoy se desempeñan en la informalidad, también exige ir más allá y abordar la realidad previsional del Perú con una mirada más amplia: sí, es necesario seguir consolidándolo como un pilar de la jubilación, fortaleciéndolo y perfeccionándolo, pero es igual de importante atender los otros factores –muchos de ellos estructurales– que terminan definiendo la calidad de la vejez de los peruanos. Un proceso en el que el sistema financiero en general puede ser un aliado fundamental.
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Una jubilación cómoda está compuesta por varias piezas. La pensión es una de ellas: un ingreso básico. Otra son los ahorros e inversiones que una persona haya podido construir disciplinadamente a lo largo de su vida. También está el acceso a seguros, especialmente de salud, que permitan enfrentar contingencias sin desestabilizar sus finanzas. Todos son componentes importantes, pero dependen de factores macro que van más allá de los individuos, como la estabilidad de los ingresos durante la vida laboral, el acceso a empleo formal y un entorno económico que favorezca la acumulación de patrimonio.
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En esa línea, no hay mejor política pública para mejorar las condiciones de retiro que impulsar la inversión privada, promover el crecimiento económico y reducir la pobreza. La lógica es sencilla: no se puede ahorrar aquello que apenas alcanza para cubrir las necesidades básicas del día a día. Hoy, en el Perú, según el Índice de Inclusión Financiera de Credicorp, el 68% del país no ahorra.
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Asimismo, tampoco es posible sostener una rutina ordenada de ahorro e inversión en un contexto donde los ingresos son inestables y los aportes intermitentes. Por eso, si bien el reto del sistema previsional es ampliar la cobertura a este segmento, más importante es enfrentar la informalidad como un problema estructural: facilitar el tránsito hacia la formalidad, simplificar trámites, reducir costos y generar incentivos claros para que más personas puedan integrarse a ella.
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Pero, incluso mientras se enfrentan esas barreras, hay un factor cultural que no podemos dejar de lado: la capacidad e intención de las personas de planificar su futuro. Incluso entre quienes tienen los medios económicos para hacerlo, esto no siempre ocurre, una realidad que resalta la importancia de la educación financiera para que las herramientas que los bancos, aseguradoras y AFP ponen a disposición de las personas puedan ser plenamente aprovechadas en pro de una estrategia integral de jubilación.
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El sistema previsional tiene un rol importante que cumplir en el futuro de las personas, pero es una pieza en una estructura más amplia que exige una mirada más integral como país, que permita que más personas sean protagonistas de su mañana.
Sergio Velez es CEO de Prima AFP.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.







